“Otra forma de mirar” las imágenes de María

Dentro del programa de cultos y actos organizados por la Hermandad Matriz con motivo del 75 aniversario de la realización de la actual imagen de la Patrona de Moguer, el historiador de San Juan del Puerto y vicecanciller del Obispado de Huelva, Juan Bautista Quintero Cartes, descubrió ante el público congregado en la Ermita de la Patrona de Moguer “Una nueva forma de Mirar la Imagen de Montemayor”, con paradas en los dogmas, los misterios marianos y la peregrinación de la Fe.

Así, explicó el historiador, “podemos darnos cuenta de que, cuando peregrinamos al Santuario, buscamos algo que está más allá de lo que vemos y esa reflexión se apoya en la imagen de la Virgen María”. Y añadió: “nuestra peregrinación de fe consiste en buscar la Patria, buscamos el Cielo. Eso hoy no está de moda decirlo, incluso puede llevar a pensar que estamos fuera de la realidad. Pero no fue otra la peregrinación que hizo la Virgen. Ella es nuestro modelo, el modelo de nuestra peregrinación”.

Al referirse a las imágenes sagradas Quintero también citó al teólogo Joseph Ratzinger, actual Papa Benedicto XVI, al recordar sus palabras sobre que “la ausencia total de imágenes no es compatible con la fe en la Encarnación de Dios” (El espíritu de la liturgia. Ediciones Cristiandad, 2001). Además, añadió que el Papa fue más allá al afirmar que, propiamente, las imágenes sagradas “no son fotografías. Su cometido es llevar más allá de lo constatable desde el punto de vista material. Consiste en despertar los sentidos internos y enseñar una nueva forma de mirar que perciba lo invisible en lo visible. La sacralidad de la imagen consiste precisamente en que procede de una contemplación interior” (ibidem).

Y así se adentró en el desglose de todos los símbolos iconográficos que presenta la Virgen de Montemayor. En ellos, continuó, “se expresa de forma simbólica lo que la Iglesia cree y confiesa de María”:

- La ráfaga, la media luna, las estrellas. LA INMACULADA CONCEPCIÓN.

En el Apocalípsis (12, 1) se tiene una visión, tradicionalmente aplicada a María y a la Iglesia: Se ve a una Mujer “vestida de sol, la luna bajo sus pies y coronada de estrellas”. Ese es el argumento simbólico que sirve de base para la representación plástica que rodea a la imagen de la Virgen de Montemayor: El sol, en la simbología cristiana, es Jesucristo.

La ráfaga rodea, enmarca, envuelve a la imagen, porque María es la “Llena de gracia”, está llena de Jesucristo, autor de la gracia. La ráfaga también se asocia con los ostensorios eucarísticos, no en vano, es María el primer Sagrario.

La media luna es otro símbolo apocalíptico. También a la Virgen se aplica lo que dice el Cantar de los Cantares: “Hermosa como la luna y limpia como el sol” ( 4, 12). La luna y el sol, en el lenguaje simbólico indican la unión entre el cielo y la tierra. Es representación del Universo material creado.

Las estrellas, que en la corona que tiene ahora mismo la imagen no aparecen, pero que sí están presentes en otras, como en la de la coronación canónica, aluden a las iglesias, según el apocalipsis, incluso tienen un número (no siempre respetado en las representaciones): 12, en clara referencia a los Apóstoles. María es la Stella matutina, la Estrella de la mañana que anuncia la aurora, el Nacimiento del Hijo de Dios. Las estrellas indican  también el honor de la Hija de Sión sobre el nuevo Israel, que es la Iglesia.

Ráfaga, media luna y estrellas son símbolos de la Inmaculada Concepción de María. La Virgen es preservada del pecado desde el mismo instante de su ser natural. Es preservada porque iba a ser la Madre del Señor. La Virgen, “sin mancha ni arruga” es un icono de la Iglesia purificada por la Sangre de Cristo: Pura y Limpia.

- La nube y la corona. ASUNTA AL CIELO.

La nube es el escabel, el trono sobre el que está la Virgen. La nube siempre ha sido  significado de presencia divina: el Señor se manifiesta a Israel en la nube que le precede, las teofanías que presencia Moisés se desarrollan muchas por medio de la nube. En definitiva hace referencia al Cielo, donde María está, después de ser asunta en cuerpo y alma. En la nube están también los querubines, los ángeles que sirven a Dios y que constantemente lo alaban diciendo: ¡Santo, Santo Santo! La Virgen está de pie, a la derecha del Padre junto a Cristo: “De pie a tu derecha está la Reina, enjoyada con oro de Ofir” dice el salmo de la liturgia de la Asunción. La Virgen, nuestra Madre está en el Cielo. Ese es nuestro destino. Ella nos ha precedido en la peregrinación y ya ha completado. Como dice el Catecismo: “La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos” (966).

La corona es propia de los reyes. María es Reina, porque fue coronada por Dios, con la “corona que no se marchita”. La Virgen es Reina porque su Hijo es Rey. Es un reinado distinto a los de este mundo, porque está basado en el amor y el servicio, no en el poder humano. Cristo es Rey en el trono de la Cruz, Cristo es Rey cuando lava los pies a sus discípulos. Cada bautizado es sacerdote, profeta y rey, como Cristo. Recordemos las palabras del Señor: “Mi reino no es de este mundo”. Por razones históricas representamos a la Virgen con corona real, al estilo de las que lucieron los reyes, como símbolo de plenitud y majestad, pero la corona a la que aspiramos nosotros en nuestra peregrinación terrena no está hecha de oro ni plata (algo material), sino que como dice el Apóstol Pablo: “no se marchita”. La corona de la Imagen de la V. de Montemayor es un símbolo de esa corona con la que esperamos ser coronados por Dios: símbolo de victoria y triunfo; símbolo de haber llegado a la Patria, donde ya no hay llanto, ni luto, ni dolor.

- La saya y el manto. MADRE DE LA IGLESIA.

La saya, normalmente blanca o de tonos claros, bordada en oro, nos recuerda la blancura bautismal. En la visión apocalíptica, las túnicas han sido lavadas y blanqueadas en la Sangre del Cordero. La túnica de María no ha necesitado esa limpieza, porque fue preservada del pecado. Esa saya blanca y resplandeciente nos habla de Redención, remite a la vestidura blanca del Bautismo, en el que los miembros de la Iglesia somos regenerados. La Virgen es modelo e imagen de la Iglesia. Hemos sido revestidos de Cristo en el Bautismo. La Madre de los miembros de la Iglesia es la “Toda Santa”.

El manto lo usaban los profetas. También María es profeta. También la Iglesia es un pueblo profético. María en el Magníficat anuncia la salvación de Dios. De todas maneras, el manto es grande, los de salida aún más grandes: Es un manto que cubre a todos sus hijos. Es símbolo de protección. En el arte existe el modelo de la Virgen con el manto de Madre de misericordia, bajo el que refugia a todos los que se acogen a Ella. En el color clásico de la Virgen de Montemayor el color es rojo, que es alusivo al amor. La Virgen ha acompañado a Jesús en su vida, pasión y muerte. Él se ha entregado, ha entregado su vida, como la mejor forma de donación, por toda la humanidad. El rojo de la sangre es simbólico del amor derramado. Por la Virgen nos ha llegado la Redención. El manto que acoge nos refugia en el Corazón de Aquel que se entregó hasta el extremo.

- La toca. VIRGINIDAD PERPETUA.

La toca o velo que cubre la cabeza de la Imagen de Montemayor, y que cae sobre sus hombros, es el símbolo de la Virginidad perpetua de María. Hace referencia a la consagración de María a Dios, a su condición de “Esposa del Espíritu Santo”. La Virgen es imagen de la Iglesia virgen que es fecundada por el Paráclito. Es el icono de la Iglesia, donde el Espíritu actúa, “porque para Dios no hay nada imposible” y, lo mismo que en Ella, sin conocer varón, se encarna Dios, es en la Iglesia donde, gracias también al Espíritu
Santo, se hace presente Cristo.

- El cetro. LA VIRGEN PODEROSA, INTERCESORA.

El cetro que sostiene la Imagen en su mano izquierda, simboliza el poder, la soberanía. María es la virgen Poderosa, la Omnipotencia suplicante, la intercesora ante el único Mediador entre Dios y los hombres, que es Jesucristo. El cetro es símbolo del poder de María en su intercesión por toda la Humanidad redimida, tan bien resumida en el texto evangélico que nos cuenta las Bodas de Caná y la intervención de María, señalando la hora del primer milagro de Cristo.

- El Niño Jesús, el orbe, la corona y las potencias. LA MATERNIDAD DIVINA.

La Imagen, en su mano izquierda, sostiene al Niño Jesús. Éste es el signo principal de la misma, el que explica y justifica todos los demás signos y símbolos, toda la explicación iconográfica e iconológica. La Virgen lo presenta, lo adelanta sobre Ella. Es todo un símbolo de María como portadora de Cristo, Madre de Dios. Si la Virgen es Inmaculada, Asunta, Reina, Intercesora, etc…, lo es porque es la Madre de Dios, que es el dogma y misterio principal que define a nuestra Madre.

A modo de conclusión, Juan Bautista Quintero afirmó que “sin la Iglesia no se comprende en plenitud el papel de la Virgen en nuestras vidas, y que sin Ella no podemos vivir en plenitud nuestra pertenencia a la Iglesia. En definitiva, toda la Imagen sagrada de Montemayor, lo que nos está hablando es de nuestra fe. De los misterios de nuestra fe: la Encarnación, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor”.

Fotografía: huelvaya.es

http://huelvaya.es/2012/07/03/conferencia-sobre-los-dogmos-y-misterios-de-maria-en-la-ermita-de-montemayor/

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