«¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla», comentario al Evangelio del XXXIV Domingo del Tiempo Ordinario − B. Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

Foto: Jesús ante Pilatos, Duccio di Buoninsegna (1308 y 1311). Museo dell’Opera del Duomo, Siena (Italia)

«Pilato le dijo: “Conque, ¿tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo dices: soy rey”». En este Domingo de Jesucristo, Rey del Universo, sorprende esta respuesta de Jesús, ya que en el capítulo 6 del mismo evangelio, el lector ha asistido a una escena totalmente diferente. Después de la multiplicación de los cinco panes y de los dos peces, Jesús huye al monte solo porque pretendían hacerlo rey (Jn 6,15). El sentido profundo de la fiesta de Jesucristo Rey del universo se encuentra precisamente en esta paradoja: Jesús rechaza el poder, pero cuando se encuentra delante del poder de Roma afirma su realeza. Justamente en el evangelio de este domingo, Jesús relaciona el Reino con la verdad. El cristiano testimonia la realeza de Jesús cuando se hace caminante en la tierra, en medio de los reinos humanos, haciendo justicia y verdad.

En el diálogo entre Jesús y Pilato, el evangelista muestra las ambigüedades del que busca protegerse, más que proteger. Lo que representa Pilato, en este caso, es la necesidad ‒constante en la historia de la humanidad‒ de conservar ciertas comodidades, seguridades y acomodamientos. Lo que propone Jesús es un cambio de paradigma, un cambio de reinado que escapa de las coordenadas espacio-temporales, que no se limita a la relación amo-esclavo; rey-súbdito; aquí-allí.

Los límites humanos no tienen cabida en el Reino de un Dios ilimitado. Precisamente porque es un reino de verdad, es el Reino de la Verdad. Recordemos a Machado: «¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela». En estas palabras se puede apreciar una pregunta; una propuesta; un camino; una búsqueda. En estas palabras no tienen cabida la comodidad, los individualismos o la pereza. Quizás, esto que se puede afirmar de las palabras del poeta, en cierta medida, se encuentra escondido en el diálogo entre Jesús y Pilato.

Jesús es rey cuando se escucha su voz, cuando se acoge y cuando se convierte en testimonio. Jesús, por su parte, muestra un modo muy particular de ser rey, haciendo de la cruz el signo distintivo de su amor gratuito. El evangelio de Juan proclama de una manera especial la realeza de Jesús sobre la cruz. Así los creyentes, al contemplar la cruz, pueden preguntarse «¿Qué rey? ¿Qué reino?». La respuesta, impresa en tantos rostros, será siempre: «Para esto he nacido y para esto he venido al mundo». Para la verdad, para el testimonio, para dar la vida, para caminar, para la búsqueda. La pregunta, quizás, no es tanto si Jesús es rey, sino cómo es rey y cuál es su Reino.

La vinculación entre verdad y reino en el evangelio de este domingo, ofrece la oportunidad de parafrasear a Machado y concluir con estas palabras: «¿Tu reino? No, el Reino, y ven conmigo a buscarlo. El tuyo, guárdatelo».

Isaac Moreno Sanz,
Dr. en Teología Bíblica y rector del Seminario Diocesano

Esta entrada fue publicada en Noticias. Guarda el enlace permanente.

Comments are closed.