«El que quiera servir, que se ponga el delantal», comentario al Evangelio del XXV Domingo del Tiempo Ordinario − B

Foto: Jesús y los niños. Carl Bloch (entre 1865 y 1879). Museo de Historia Natural, Copenhague (Dinamarca).

El Evangelio de Marcos del domingo pasado nos traía preguntas que nos ponía a todos frente a Jesús. Ninguno hemos quedado indiferentes y a todos se nos pedía una respuesta.

Marcos sigue hoy con mucho cariño enseñando la pedagogía de Jesús. Tras las respuestas directas que dieron los discípulos, Jesús les lleva fuera de la gente, de la bulla, del ruido, porque Jesús tiene que mostrarles la realidad del reino y concretamente hoy, dónde puede llevar vivir el evangelio, las consecuencias que trae ponerse en este camino.

Sólo puede mostrar su “alma” a los más cercanos, sus preocupaciones a los que día a día no sólo van con él, sino que se comparten intimidades, realidades y experiencias.

No es difícil imaginarse que, después de hablarles de momentos de dificultad, a Jesús se le quedara una cara un poco rara ante la situación que se encuentra. Él habla de entrega, de muerte y también de esperanza y, cuando pregunta de qué andaban hablando por el camino, resulta que responden de quién va a ser el primero. Me imagino a Jesús pensando ¡que no se enteran, que esto va de otra cosa!

Intento meterme en la situación, pero en este tiempo en el que vivimos y veo que las cosas no han cambiado mucho. Imagino a Jesús vaciando su alma ante los más íntimos, ante nosotros, que somos los apóstoles del siglo XXI. Me imagino proponiéndonos sus sueños,  sus temores ante la situación de la humanidad y me imagino su cara, la misma que entonces, cuando nos ve en momentos preguntándonos por cosas vanas que pensamos que vienen a cuento, pero no tienen que ver con lo que nos propone.

Nadie puede decir que no sabe qué es lo que tiene que hacer. A las puertas de lo que se nos está convocando por parte del Papa, hay que hilar fino en esta tarea para no andar despistados. No, aquí todos somos los que vamos adelante. Aquí somos todos los que viviendo nos convertimos en señas de identidad, en aquellos que reparten dones con la vida para que otros tengan VIDA en abundancia. «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»

Tenemos un gran tesoro que se ha ido rellenando a lo largo de 20 siglos con  respuestas para la humanidad y la de hoy está necesitada de que sigamos trabajando como obreros, que no nos levantemos de los lugares donde estamos plantados, pero que no trabajemos como camicaces.

En este primero de curso pongo las palabras de San Francisco cuando se estaba muriendo: “Comencemos, hermanos, que hasta ahora, poco hemos hecho” y lo dicho: El que quiera servir, que se ponga el delantal.

María Jesús Arija García, 
Licenciada en Teología y profesora de Religión en la Diócesis de Huelva.

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