«El programa del Seminario siempre es el de la Iglesia». El Obispo pasa el testigo al nuevo equipo responsable del Seminario Diocesano

El aula magna del Seminario Diocesano acogía, la mañana del lunes, 28 de junio, el acto de toma de posesión de su nuevo equipo responsable en un acto presidido por nuestro obispo, Santiago Gómez Sierra.

En un primer momento, tomaba la palabra el sacerdote Daniel Valera Hidalgo quien ha sido durante estos últimos años rector del Seminario, dirigiendo unas palabras de agradecimiento tanto al obispo emérito, José Vilaplana Blasco, quien confiara en él esta tarea, como al actual Obispo por la confianza depositada en él para continuar este año: «Para mí ha sido toda una gracia haber podido acompañar en el discernimiento vocacional de quienes son y serán nuestros futuros compañeros en el presbiterado».

Por su parte, D. Santiago agradecía, tanto al equipo saliente, en el que también se encuentra el sacerdote Manuel Jesús Carrasco Terriza, anterior director espiritual del Seminario y actual delegado diocesano para el Clero, como al que toma el testigo para continuar esta importante tarea, recordando la importancia del cuidado del seminario donde «se está forjando el futuro de nuestra Iglesia diocesana». El Obispo recordaba que «el programa del Seminario siempre es el de la Iglesia y no depende de sus responsables y formadores». En este sentido, el Obispo recordó que, tanto la Ratio Fundamentalis Institucionis Sacederdotalis como la Ratio Nationalis –aprobada recientemente por la Asamblea de Obispos de la Conferencia Episcopal Española– y que describe el proceso formativo de los presbíteros, desde el Seminario, como formación única, integral, comunitaria y misionera, «indica el marco donde poner carne al que, en definitiva, es el único programa posible: Jesucristo».

Este primer momento se cerró con la intervención del nuevo rector, el sacerdote Isaac Moreno Sanz, que, en nombre propio y de los otros dos sacerdotes que conforman el nuevo equipo –José Antonio Calvo Millán, como formador, y Julián Jiménez Martínez, como director espiritual–, agradeció la confianza del Obispo en ellos, «párrocos que algún día volveremos a ser párrocos y que nos debemos a los seminaristas con el deseo de que, algún día, ellos sean buenos párrocos». De igual manera, Moreno Sanz insistió en la continuidad de la tarea «siempre en un profundo espíritu de eclesialidad y comunión» y destacó tres conceptos y una clave como ejes de esta nueva etapa «humanidad, espiritualidad y discernimiento; y en todo, la comunidad».

A continuación, la capilla del Seminario acogía la Misa de Espíritu Santo presidida por el Obispo y concelebrada por el vicario general, Emilio Rodríguez Claudio, por el nuevo rector, el nuevo formador y nuevo director espiritual, el anterior equipo del Seminario, así como todos los vicarios episcopales. La celebración, que estuvo animada por el canto de los seminaristas, incluyó la lectura de los nombramientos por parte del secretario canciller, Juan Bautista Quintero Cartes, y la profesión de fe y solemne juramento del oficio de los tres nuevos responsables del Seminario Diocesano.

Ofrecemos, a continuación, una entrevista que concedía a esta redacción el nuevo rector que, además, asume el encargo de director del Instituto Teológico Diocesano «San Leandro», así como la dirección para la Formación de los Candidatos al Diaconado Permanente.

«En el seminario se propone descubrir y responder a una vocación que abarca toda la vida y todos los aspectos de nuestra vida».

Un nuevo tiempo en la diócesis y un nuevo reto en su vida de sacerdote. ¿Cómo recibe este encargo?

Como he recibido todos los encargos anteriores: con agradecimiento, disponibilidad y esperanza. Agradecimiento, porque han pensado en mí para una misión que es muy importante en la vida de la diócesis. Disponibilidad, porque nuestra vocación no solo cuenta con la obediencia, sino con la entrega, de tal manera que siempre he estado disponible y lo seguiré estando. Con esperanza en la nueva etapa que estamos viviendo a nivel diocesano, continuando la tarea que han desarrollado nuestros antecesores y con la confianza puesta en Dios, que sigue guiando nuestros pasos.

Decía el Obispo, el pasado lunes, en el acto de relevo al nuevo equipo que “en el seminario –de algún modo− se construye el futuro de la diócesis”. Esto supone una gran responsabilidad, ¿verdad?

Ciertamente en el Seminario se construye el futuro y diría que el presente de la vida diocesana. El futuro en cuanto que saldrán los próximos sacerdotes que acompañarán a las diferentes comunidades parroquiales. El presente como reflejo y muestra de lo que en las parroquias se está viviendo ahora mismo, es decir, al seminario acuden quienes han sentido su vocación en el seno de las diferentes comunidades parroquiales −y no solo− de nuestra diócesis. Formar a los futuros sacerdotes es una responsabilidad; acompañar a quienes quieren discernir su vocación es una tarea ilusionante y esperanzadora.

Ese día, 28 de junio, se cumplían 13 años de su ordenación como presbítero y recordaba su relación con el seminario durante ese tiempo y los años previos como seminarista. Es importante esa relación, no solo del clero, sino de todos los diocesanos con el Seminario…

Entré por primera vez en el edificio del seminario en 1989, cuando comencé mis estudios en el Colegio San Leandro, posteriormente Colegio Diocesano. Durante los años de mi formación como seminarista se convirtió en mi casa y estoy muy agradecido al equipo que me formó, de hecho, quien fue mi rector, D. Julián Jiménez, ahora forma parte del equipo del seminario como director espiritual. Después de una etapa en varias parroquias del Andévalo, en la cual acogí a varios seminaristas por diferentes motivos, me incorporé al claustro de profesores, del que he formado parte desde 2015. En esta nueva etapa, ahora como rector, reconozco que el seminario tiene que estar en relación constante con toda la diócesis, de una manera especial con los sacerdotes, que todos sientan esta casa como su casa. Espero que en esta nueva etapa siga siendo así, como lo ha sido con los rectores anteriores.

Usted está ahora ahí para cuidar, acompañar y discernir la vocación de los futuros párrocos. ¿Qué quisiera para sus seminaristas?

La misión y la tarea del rector del seminario y de todo el equipo es reconocer y acompañar la respuesta interior al Señor, que es quien llama, para el servicio a la Iglesia. El acompañamiento, personal y comunitario, se realiza cerca de Dios y cerca de los hombres, de tal manera que, como ya indiqué el pasado 28 de junio destacaría tres palabras o tres líneas fundamentales de trabajo: humanidad, espiritualidad y discernimiento. Entiendo humanidad como la necesidad de formar hombres adultos, responsables, maduros y que responda con libertad a la vocación a la que han sido llamados. Bajo la espiritualidad ponemos la disponibilidad al Espíritu que sopla donde quiere (Jn 3,8) y, al mismo tiempo, la fuerza del Espíritu Santo que da sus siete dones: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Humanidad y espiritualidad son dos caras de la misma moneda en la formación integral de los seminaristas, o dicho en otros términos, puede ser la capacidad de compaginar la actitud de servicio y entrega al hombre de Marta y la disponibilidad y escucha de la Palabra a los pies del Señor de María (cf. Lc 10,38-42). En todo esto el discernimiento es fundamental: conocer y reconocer la llamada; responder y mantener la respuesta; concretar el compromiso y hacer una opción por el Evangelio y por el seguimiento como futuros sacerdotes. Para acompañar en este proceso cuento con la colaboración de José Antonio Calvo, como formador y de Julián Jiménez, como padre espiritual.

Asimismo, la clave en todo este proceso es la comunidad: la comunidad en la que viven ahora, partiendo de la comunidad en la que han vivido su fe y donde ha surgido la llamada, para llegar a las comunidades a las que servirán el día de mañana.

En sus últimas palabras indicó algunos aspectos sobre la vocación, ¿qué diría hoy sobre la vocación al sacerdocio?

Podríamos preguntarnos dónde quedó el tiempo en el que para cualquier oficio, profesión y tarea se necesitaba al menos “un poco” de vocación. Para el sacerdocio no es posible un poco, sino una llamada total. Me atrevería a decir que en el seminario se propone descubrir y responder a una vocación que abarca toda la vida y todos los aspectos de nuestra vida. Sin duda la vocación es un don, pero también una tarea; es un regalo, pero también una misión; es una llamada, pero también un compromiso.

 

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