¿Y por qué no?

Ante el inicio esta semana de una nueva campaña del IRPF, el ecónomo de la Diócesis de Huelva, Pedro E. Herrezuelo Aparicio, ofrece razone para marcar la casilla en favor de la Iglesia Católica en nuestra próxima declaración de la renta.

Hace unos días, conocíamos los resultados de la asignación tributaria a la Iglesia, de la Campaña de la Renta del 2020, en el que se observaba un aumento de declarantes que marcaban la casilla a favor de la Iglesia Católica, proporcional al incremento de declaraciones totales, que suponía en términos de recaudación, en la provincia de Huelva 173.234 euros, lo que me hace pensar que la Iglesia se mantiene y no experimenta retroceso.

Pero no satisfecho con este resultado, cuando pienso en la pregunta que deben hacerse los contribuyentes de si deben marcar la casilla de la asignación a la Iglesia y la de otros fines de interés social, me respondo yo mismo: “¿Y por qué no?”.

Hay mucha gente que desconoce la labor de la Iglesia a pesar de que anualmente presentamos una Memoria de Actividades de la Iglesia Diocesana, hacemos campaña en los medios, así como, la información que recibimos en nuestras parroquias. En base a ello se me ocurren algunos argumentos.

En primer lugar, no nos cuesta nada (más allá de marcar la casilla), no pagamos más en nuestra renta, ni nos devuelven menos.

En segundo lugar, La Iglesia devuelve con creces lo que recibe. Y pongo unos ejemplos de la Memoria de Actividades a la que he hecho referencia y que podemos encontrar en el portal www.portantos.es, de la Conferencia Episcopal Española:

  • El impacto económico de la actividad de las Diócesis, parroquias y Cáritas es de 1.386 millones de euros, es decir, 5 veces más de lo que recibe.
  • Ahora que se discute sobre la necesidad de la escuela concertada, tenemos que saber que estos centros suponen un ahorro a la administración pública que se estima en 3.324 millones de euros.
  • Y un último ejemplo de los muchos que hay. Los bienes de interés cultural que tanto se critican a la Iglesia y las fiestas religiosas equivalen a más del 3% del PIB de España.

Son datos de estudios realizados por dos de las firmas de consultoría de mayor prestigio a nivel internacional, PwC y KPMG.

Pero quizás, donde se ve más patente la realidad de la acción de la Iglesia es en la actividad asistencial, en la que cada euro que se recibe retorna a la sociedad multiplicado por 2,5 euros, y esto se debe en gran parte a nuestros voluntarios y a un rigor en el control del gasto que prescinde de lo superfluo.

Tenemos entre otros el ejemplo de Cáritas que durante la pandemia no ha cerrado y ha continuado atendiendo sus proyectos y centros porque las necesidades de las personas no se acaban aunque se decrete un confinamiento, más bien al contrario han crecido de manera exponencial y agarrémonos que vienen curvas.

Por otra parte, en el portal de internet “iglesiasolidaria.es” podemos encontrar multitud de ejemplos de algunas de las acciones que la Iglesia ha realizado, relacionadas con el COVID como:

  • Confección de mascarillas y pantallas por congregaciones religiosas.
  • Suministro de equipos informáticos para que los estudiantes pudieran seguir sus clases online.
  • La Diócesis de Huelva ofreció la Casa de Ejercicios de la Cinta para personas que viven en la calle especialmente vulnerables, así como el hotel de Aracena al que se llevaron a los enfermos de COVID de una residencia de mayores de la localidad, para evitar que el resto se contagiasen y así evitar fallecimientos.
  • Los capellanes de hospital han estado junto a los enfermos.
  • Y los curas de nuestra Diócesis contribuyeron con su paga de verano a ayudar a las familias más necesitadas.

No es más que una pincelada de la labor que hace la Iglesia y que debe servirnos para despejar la duda de si debemos marcar la casilla de la renta de “colaboración con el sostenimiento económico de la Iglesia Católica” y de “otros fines de interés social”, e invitar a otros a que la marquen, porque aunque sea de manera egoísta, nos interesa a todos.

Y ahora ya puedes plantearte: ¿Y por qué no?

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