“La droga es solo un síntoma de un mal más profundo”

Rafael Barrera, psicólogo del Centro Naim

¿Qué es el Centro Naim?

Es una comunidad terapéutica en la que trabajamos por recuperar a aquellos jóvenes que la droga ha marginado y destruido para que, como se relata en el pasaje evangélico que da nombre al proyecto (Lc 7,11-17), sean devueltos a su familia y a la sociedad. Para ello, estamos los monitores con una formación específica y años de experiencia en este ámbito y, además, personas que actúan de forma voluntaria a favor de estos jóvenes drogodependientes, sus familias y la sociedad. Es un centro de inspiración cristiana, pero acoge a todo el que necesita ayuda y, además, acepta la colaboración de cualquier persona que quiera aportar su granito de arena.

¿Cómo se trabaja en el centro?

La droga es solo un síntoma de un mal más profundo: aceptación en el grupo de iguales, pérdida de valores, deterioro de la relación familiar, algo oculto que aflora cuando una persona se vuelve adicta y ahí es cuando sale a flote la necesidad de la complicidad y ayuda de familiares y amigos. Los chavales vienen con conductas aprendidas y arraigadas por el mundo de la adicción. Yo siempre les pongo a ellos un ejemplo: existe el mundo A y el mundo B; el primero es el de la moralidad, el de los valores, el del amor o la familia, el del sacrificio, el de querer crecer como personas, e incluso el de saber aceptar las pérdidas como parte de la vida; el segundo es el de la adicción, en el que para poder sobrevivir debes aprender a mentir, a ser agresivo, ocultar tus sentimientos o tu verdadera personalidad, incluso a ver gente morir sin haberle dicho lo que sentías. Entonces, el objetivo final de la terapia es recuperar el ser de la persona, su dimensión espiritual y los valores que encierra para, a partir de ellos, construir una nueva opción de vida.

¿Es Naím diferente a otros centros terapéuticos?

Sí, rotundamente. Paco Echevarría, actual director, basa siempre su trabajo en el amor a las personas, sin recibir ni esperar ninguna remuneración económica. Su vida ha sido siempre y es Naim, así como ayudar al prójimo. La motivación es diferente a la de otros centros. Además, quiero recordar también a Pepe García, quien fue nuestro director y lo hizo movido por idénticos sentimientos.

¿Cuál es la capacidad del centro y el perfil de los usuarios?

La capacidad es de treinta en régimen residencial, más la atención que se presta a los que están en fase de reinserción. El perfil es muy diverso, porque tenemos desde chavales muy jóvenes que vienen del mundo de la cocaína y los estimulantes, a personas de cuarenta o poco más que siguen con la heroína. Suelen ser de las provincias de Huelva y Sevilla, principalmente.

¿Qué cambios supone la pandemia que vivimos en el día a día de la comunidad de Naim?

Como es lógico, lo que más ha cambiado es el protocolo para mantener las condiciones de seguridad que se están exigiendo. A todos se hace la prueba PCR y hemos comprado dos máquinas de ozono para desinfectar las instalaciones. Los que vayan ingresando permanecerán durante una semana en habitación individual y, en las zonas de trabajo, con mascarillas y con el distanciamiento requerido para garantizar las medidas de seguridad.

Un mensaje para quienes nos estén leyendo y tengan adicciones o a alguien cercano que las padezca.

Mi mensaje es una reflexión sobre si esas personas son capaces de mirar a su madre, a sus hijos o a su pareja a la cara con una mirada de orgullo, de satisfacción y de anhelo o, por el contrario, lo hacen desde la tristeza y la culpa. Una vez que se planteen esta pregunta, que vayan a un espejo y se miren a la cara, si no son capaces de mantener la mirada, entonces tienen un problema. Es importante que no olviden que no están solos porque sus familias los aman y pueden pedir ayuda.

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