El ofrecimiento de la Iglesia en sus múltiples expresiones

Muchos son los gestos y acciones que, a lo largo y ancho de la diócesis, se han puesto en marcha para combatir esta situación de crisis, muchas incluso adelantándose al estado de alarma.

Por todos es conocida la labor que la Iglesia en nuestra diócesis realiza en sus distintos ámbitos de presencia evangelizadora, de acompañamiento, caritativo y social. Todo ello, a pesar de que ciertas campañas de desinformación quieran desprestigiar, en medio de la convulsión que vivimos estos días, una y otra vez la acción de la Iglesia, transparentada año tras año a través de los datos que arroja la memoria de la Iglesia Española y apoyada con el aumento de contribuyentes que marcan la X en favor de la Iglesia, precisamente ahora que iniciamos una nueva campaña del ‘XTantos’.

Pero, además, en momentos de crisis la Iglesia no solo no abandona la responsabilidad social que civilmente tiene, sino que continúa el mandamiento del amor, poniéndose al servicio y, en muchos casos, en primera línea. Gestos como el ofrecimiento a la delegación del Gobierno desde el primer momento de la crisis, y que ha llevado a la acogida en la Casa de Espiritualidad de la Virgen de la Cinta de personas sin hogar con dificultades de movilidad; o como la cesión de la Hospedería Reina de los Ángeles a los ancianos de la residencia de Aracena que se vio invadida por el COVID-19, son ejemplos de esta respuesta a la emergencia que se suma a la labor cotidiana de atención en distintos frentes.

La proactividad de sacerdotes, religiosas y laicos

Aunque el evangelio nos recuerda aquello de “que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha” (Mt 6, 3ss.), generalmente en el anonimato y de forma muy desapercibida nuestros sacerdotes han continuado con el desarrollo de su ministerio a través del uso del teléfono y las redes sociales, desplegando su creatividad para poder llegar a todos: grupos de WhatsApp, canales de youtube, perfiles de facebook creados para el confinamiento, etc.  Muy significativo está siendo también el acompañamiento a familias que han perdido un ser querido, con la dificultad que eso implica actualmente, o la atención a enfermos y personal sanitario, como es el caso de los capellanes de hospital, alentando y acercando la presencia de Jesús sacramentado en medio del dolor y el miedo, una presencia liberadora, realmente sanadora.

No ha faltado la iniciativa de nuestras religiosas, como hemos contado también en esta revista: mascarillas, delantales quirúrgicos, viseras realizadas con impresoras 3D…, sin dejar de abandonar la tarea de voluntariado que muchas de estas mujeres entregadas realizan cada día.

De igual manera, un laicado muy activo se hace presente a través de las redes con vídeos, canciones, propuestas y acciones que se suman a este intento de suministrar lo necesario para afrontar la situación o vivir de otro modo el confinamiento. Asociaciones, como las hermandades, han realizado campañas particulares o programas de acompañamiento a las personas solas, como es también el caso del Servicio de Orientación Familiar.

Una Iglesia que ora

El recogimiento y la oración, sabedores de en Quién se funda nuestra esperanza, ha motivado también muchas iniciativas  de oración como novenas, adoraciones vía streaming, y otros ejercicios de piedad. Y cómo no tener presente a nuestras contemplativas que, no solo se han unido a esta labor de elaboración de material para sanitarios, sino que han intensificado su oración por los enfermos, las familias, los fallecidos, los profesionales y, en fin, todos los afectados.

De un modo particular, recordamos hoy a la hermana María Luz Álvarez, oblata fallecida por COVID-19 este pasado miércoles, a los 83 años de edad. Pues hasta las hermanas oblatas, cuya “vida está escondida con Cristo en Dios”, como reza el frontal de su refectorio, han sido contagiadas por el virus. Paradoja para quienes vivimos este confinamiento momentáneo y que no hemos elegido y por la que, ya no solo y como siempre a través de su oración, encarnan el dolor  de un pueblo necesitado de Dios, Señor de la Viva.

 

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