Acompañar el duelo en situación de aislamiento

El Centro de Escucha San Camilo da a conocer una serie de recomendaciones para afrontar la pérdida de un ser querido durante el confinamiento.

¿Podemos hablar de un protocolo de duelo ante el covid-19? Es la pregunta que se hace el experto en pérdidas Valentín Rodil, del Centro San Camilo de Madrid. En su opinión, facilitar un protocolo de duelo carecería de sentido, pues el duelo es una vivencia distinta según la persona, la circunstancia, incluso el momento.

En estos días ocurren muchas cosas: algunas tienen que ver con miedo y otras con osadía, con incertidumbres, con gente cumpliendo las reglas de aislamiento mientras otros tiemblan en habitaciones contiguas. Nada de esto es duelo. Es vida que se ha complicado y ante la que nos nacen preguntas que son nuevas para nosotros, pero que otros ya se hicieron como los familiares de desaparecidos en un accidente aéreo, o en guerras o los inmigrantes cuyos seres queridos mueren en otro país. Una de esas preguntas nuevas es: si no podemos enterrar a los muertos ¿qué haremos por ellos?

Pero ¿podemos hacernos preguntas? El duelo, la muerte, sobre todo la que no comprendemos, la que nos obligan a tragarnos, nos preña de preguntas. Son inevitables y nos acompañan todo el día. Como niños impacientes, recortamos piezas de un puzzle para hacerlas encajar sin lograrlo. Preguntar y reaccionar forma parte de este momento. Tratar de tapar la pérdida, el desconsuelo, el desconcierto, no afrontarlo y no detenerse en ello, es inadecuado, quizá hasta perverso por mucho que a algunos les convenga mirar para otro lado y esconder la muerte tras “Resistiré” o aplausos sin destinatario claro.

En estos momentos excepcionales sentimos que podemos hacer pocas cosas, mientras muchas están prohibidas: acompañar a nuestros enfermos, despedirnos, sentir con otros el dolor tras la pérdida y reconfortarnos mutuamente. Pero la verdad es que, una vez que todo esto pase y no sea noticia, los muertos, los amados siempre serán nuestros, porque lo que importa no es cómo murieron, sino quiénes eran. Mientras seguro que haremos otras viviendo una especie de tanatorio en casa recibiendo familiares por mensajes y en ausencia del difunto pero las iremos haciendo porque ya lo estamos haciendo. Necesitamos esos ritos.

Si en estas semanas perdemos a alguien querido, podremos tener reacciones que nos sitúen en un sufrimiento inútil, pero real. Pensaremos «siento que le/la abandoné, que murió solo/a, siento que le dejaron morir, siento que no pude hacer nada…». Nada más real que esta aflicción y, si nos privamos de ella, si no podemos sentirla y expresarla ¿quiénes somos nosotros?

¿Y cómo sobrevivir? En el duelo a menudo deseamos morir también nosotros, la casa de nuestras vidas se ha desmoronado y todo nos duele. Para sobrevivir necesitaremos olvidar cómo eran las cosas antes, no comparar, concentrarnos en poner un pie delante de otro y con el dolor que tengamos, andar o detenernos. Para vivir necesitaremos recordar quiénes éramos además de una persona con un vínculo, qué cosas nos gustaban a nosotros, cuáles nos gustaba compartir.

¿Y qué hay del valor de la vida? Pendientes de cifras, curvas y porcentajes olvidamos que
lo más importante que tenemos los humanos es el nombre. Estos días mueren personas sin contacto con sus allegados, pero nadie muere realmente en soledad si alguien pensaba su nombre. Los sanitarios son ahora brazos, manos y corazón de las familias. El valor de la vida humana se lo da otra vida humana.

El duelo no empezará ahora, el duelo vendrá cuando a nadie le interese ya este tema. Posiblemente habrá mucho interés en pasar página y olvidar esta etapa y a los fallecidos. ¿Quedarán reducidos a números, a bajas en el campo de batalla? En ese momento los acompañantes del duelo saldremos a los caminos, a las ruinas de las casas de la vida y hablaremos de fases, tareas, momentos y nudos.

Los humanos necesitamos hacer presentes a los ausentes y para eso inventamos ritos. Habrá duelos que no necesiten más despedida porque la vida ya se los proporcionó. Y es que esa falta de despedida es más una sensación que una realidad, siempre podremos hacer nuestro rito personal posteriormente.

En estos días, hemos asistido a la soledad de la familia, reducida a tres personas a las que, en demasiadas ocasiones, se les ha impedido o dificultado el acompañamiento espiritual del sacerdote y su palabra, en nombre de la Iglesia, de ánimo y consuelo.

Por su parte, el Centro de Escucha San Camilo, además de continuar vía telefónica su labor de acompañamiento a la pérdida a quienes ya lo estaban haciendo antes del confinamiento de modo presencial, en colaboración con la Escuela Andaluza de Salud Pública, ha abierto el teléfono a esas personas o familias que necesiten durante esta crisis una atención en primaria para resolver, aclarar, informar o gestionar situaciones tan difíciles como las que se están dando como el duelo en situación de aislamiento.

 

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