Patrimonio y religiosidad popular 
en la formación para hermandades 


El sacerdote Andrés Vázquez profundizará sobre la religiosidad popular, mientras que el subdirector de Patrimonio Religioso explicará todo lo referido al valor y cuidado del patrimonio artístico y documental de las hermandades.

La delegación para las hermandades y cofradías viene realizando un curso de formación para hermanos de cofradías de gloria o penitencia de toda la diócesis, especialmente dirigido a quienes tienen algún cargo de responsabilidad en estas o quienes aspiren a tenerlo.

En esta segunda sesión formativa, que ya fue impartida el pasado sábado, 25 de enero, en el teatro ‘Puerta del Andévalo’ de Valverde del Camino –como alternativa a quienes viven a más distancia de la capital–, vuelve a repetirse este sábado, a partir de las 9,15 h., en el seminario diocesano. Después de haber profundizado en aspectos jurídicos y administrativos, en esta ocasión el patrimonio y la religiosidad popular son los temas centrales impartidos porel subdirector de Patrimonio de la Diócesis, Juan Bautista Quintero; y el sacerdote Andrés Vázquez.

El sentido de la religiosidad popular

El sentido más profundo de la dignidad humana radica justamente en su tendencia a la comunión con el Ser divino. Desde muestra visión cristiana decimos que «El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento, pues no existe sino porque, creado por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador» (GS, 19).

La religiosidad popular es uno de los fenómenos, que, sin duda alguna, ha sido de gran importancia por la influencia en cuanto actos y/o actitudes que presenta sobre los habitantes de una comunidad.

La teología reflexiona sobre la religiosidad popular no como un objeto externo y extraño a la propia vida eclesial, sino como uno de sus lugares expresivos. Liturgia y Religiosidad Popular son dos riquezas de la vida cristiana, que suponen una parte importantísima de la actividad de la Iglesia, dos fuentes y dos cauces para llegar a los fieles. Liturgia y Religiosidad Popular se complementan y no deben entorpecerse. El pueblo de Dios necesita de las dos.

La religiosidad popular es una realidad en evolución. Cambian las culturas y, del mismo modo, también las manifestaciones de la religiosidad popular van cambiando y adaptándose a las nuevas sensibilidades. Como ha subrayado el Papa Francisco, “se trata de una realidad en permanente desarrollo, donde el Espíritu Santo es el protagonista principal”.

Como explica Pablo VI: “Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez más, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios”

El valor del patrimonio religioso

Hablar de patrimonio artístico, o de patrimonio cultural a los miembros de las hermandades, no es hablar de algo desconocido, porque es sabido el legado cultural que cada hermandad, por pequeña que ésta sea, aporta a ese “tesoro” de arte y devoción que, como fruto de una experiencia religiosa, han ido formando varias generaciones.

Tal vez, cuando se habla de patrimonio de una hermandad se piensa principalmente en las imágenes sagradas, con todo su significado en el universo teológico y eclesial. Las imágenes son fruto de la economía de la encarnación, con un alto valor para la piedad popular y para la liturgia que siempre se apoya en la fuerza sensorial que tiene el arte sacro para conectar lo humano con lo divino.

Pero, más allá de la imaginería, hay también otros elementos que conforman este rico patrimonio, como son: la orfebrería, la pintura, los retablos, los bordados, la música, las danzas, los cantos y gozos u otras expresiones artísticas y, no podemos olvidar, el patrimonio documental, archivos y bibliotecas muchas veces de alto valor.

Todo este patrimonio debe ser reconocido, inventariado, protegido, restaurado por manos profesionales…. y siempre, bajo la ayuda y supervisión del departamento de Patrimonio de la diócesis.

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