El colectivo de profesores cristianos da a conocer a la figura de Siurot

El pasado miércoles, 6 de febrero, la junta directiva de la Asociación Cristiana de Profesores “Manuel Siurot” y la Delegación Diocesana para la Educación, invitó a todos los profesores de Religión de Primaria y Secundaria y a la comunidad educativa de los Centros concertados y públicos, a asistir a una sesión informativa sobre la personalidad de D. Manuel Siurot.

El sacerdote Baldomero Rodríguez, gran conocedor de esta figura, fue el encargado de realizar a los asistentes una semblanza del que fuera cofundador de las escuelas del Sagrado Corazón junto con San Manuel González, el abogado metido a maestro Manuel Siurot. En su conferencia, Baldomero Rodriguez recordó el llamamiento de Siurot ante la precaria situación que atravesaba la infancia de su época: “esta barbarie necesita de maestros que se entreguen con alma, vida y corazón”.

La Asociación Cristiana de Profesores que lleva su nombre quiere fomentar el conocimiento del “maestro de los niños pobres” como estímulo para los cristianos profesionales del ámbito educativo, a través de una cátedra que pondrá en marcha próximamente. Además, con este encuentro también se quiso dar a conocer el museo y exposición fotográfica permanente que sobre su persona y obra se encuentra en las dependencias del colegio diocesano Sagrado Corazón de Jesús de Huelva.

Manuel Siurot, el maestro de los pobres

El próximo 27 de febrero se cumplirán 79 años del fallecimiento de este hombre de profunda espiritualidad a quien el encuentro con un hombre santo, el entonces arcipreste de Huelva, Manuel González, transformó toda su vida.

Un hombre y una obra dedicados a rescatar del analfabetismo a la infancia pobre e incompresiblemente olvidado o ignorado por las actuales generaciones, que incluso intentaron quitarle su nombre en 2000 de la avenida que tiene dedicada. El ideario católico de Siurot estuvo impregnado de un profundo sentido de la responsabilidad social de su tiempo

Manuel Siurot Rodríguez (La Palma del Condado, Huelva, 12 diciembre 1872-Sevilla, 27 de febrero de 1940), abogado, juez municipal y magistrado suplente, ocupa un lugar en la historia de España como pedagogo, y es considerado «apóstol de la infancia», a la que dedicó su vida hasta el punto de rechazar cargos nacionales en el Ministerio de Instrucción Pública y en la Asamblea Nacional e incluso el de inspector general de Enseñanza Primaria de la República Argentina, para atender a los niños pobres andaluces, a los que se dedicó con ejemplar celo.

El ideario católico de Siurot estuvo impregnado de un profundo sentido de la responsabilidad social de su tiempo, consecuencia de la herencia recibida del siglo XIX, que no prestó a la enseñanza primaria la atención necesaria. Como Joaquín Costa y otros prohombres del Regeneracionismo krausista, consideró que el mayor problema de España estaba en la despensa y la escuela.

Manuel Siurot siguió los postulados educativos de los sacerdotes Spínola Maestre, Fernández Santana, González García, Vicent y Manjón; de los maestros Maraver, Daza, Morón, Mora Batanero, Oliveira, Cádiz, Gálvez y Merello; de Menéndez Pelayo y Costa. Publicó numerosos libros, dictó centenares de conferencias, participó en asambleas y congresos sobre la enseñanza y explicó y practicó los postulados docentes de grandes figuras del catolicismo, como San Agustín, San Isidoro, San Ignacio, San Juan Bosco, San José de Calazáns, Luis Vive y Andrés Manjón.

El profesor Luis Llerena Baizán, profundo conocedor de la «galaxia siurotiana», ha actualizado la biografía de Manuel Siurot sintetizando su vida en siete grandes apartados. A saber: ¿Quién fue Manuel Siurot Rodríguez?, ¿Qué hizo?, Cuáles fueron sus días de gloria, Mucha hambre mitigada, Mucha justicia cumplida, Mucha ignorancia disipada, y ¿Por qué hizo todo eso Manuel Siurot?

Para Luis Llerena Baizán, «la ejemplaridad de Manuel Siurot le convirtió en diana a la que apuntaban directamente tirios y troyanos. Para unos era un ‘reaccionario’ y para otros, un ‘elemento izquierdoso camuflado’. Mas, en verdad, Siurot solamente fue un hombre bueno, un ‘discípulo de Jesús’, al que veía constantemente en sus hermanos más pobres y necesitados […] Díos mío –preguntaba públicamente- ¿cómo viven los pobres? ¡Qué vergüenza para los ricos que los pobres vivan como viven y cuanta responsabilidad tenemos todos delante de Dios!»

 

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