El reto de ayudar al crecimiento de los catequistas

La llamada del Papa Francisco para devenir una Iglesia en salida, que necesita reinventar nuevos métiodos con que llegar a los descartados y alejados; la ineludible puesta a punto de los catequistas en un mundo cambiante; y la respuesta al Plan Diocesano de Evangelización (PDE) de la Diócesis de Huelva, en comunión con todas las instituciones de la misma, han movido a la delegación diocesana para la Catequesis ha elaborar un Plan de Formación para los Catequistas (PFC) que este curso pastoral pondrán en marcha.

Este plan formativo no es un sustitutivo del programa que ofrece el Centro Diocesano de Teología, Pastoral y Espiritualidad, sino un curso específico para los catequistas, unos de los ámbitos pastorales que más necesita nuevos agentes.

Así ha podido constatar la propia delegación a través de la encuesta que dirigieron el curso pasado a las parroquias de la que se concluye que no es posible acometer la misión que la Iglesia deposita en el catequista sin una adecuada formación.

Con este PFC, la delegación para la Catequesis quiere contagiar a nuestros catequistas la necesidad de desarrollar su labor catequética no sólo transmitiendo los contenidos básicos de la fe, sino además, ayudando a los catequendos a crecer, mediante la oración y la integración en la comunidad, en la amistad íntima con el Señor.

También el PFC pretende ofrecer recursos de cara al desarrollo de la sesión de catequesis, atendiendo de manera especial a la etapa de la niñez, la preadolescencia y la adolescencia en la que se encuentran sus destinatarios.

Finalmente, conscientes de las necesidades especiales de algunos niños, este plan también quiere tener en cuenta esta circunstancia con la que se encuentran muchos de nuestras parroquias y que no saben como atender adecuadamente. Por ello, en estos cursos se contará con la presencia de expertos en la materia y se ofrecerán recursos adaptados a las distintas capacidades especiales.

La catequesis en nuestra diócesis

La catequesis hoy en día suponen un gran reto y de ello está convencido el delegado para la Catequesis de la Diócesis, el sacerdote Joaquín Sierra, quien habla de la necesidad de caminar hacia una catequesis “que pase a ser menos docente para ser más experiencial, que se centre más en transmitir la experiencia que en una doctrina o conocimiento”.

Un total de 236 de los 4.255 niños y niñas que fueron bautizados el año 2016 era mayor de 7 años. Este dato deja entrever que la Primera Comunión, en muchas ocasiones impulsada más por una motivación social que sacramental, lleva a los pequeños a introducirse con los años en la iniciación cristiana, empezando por el Bautismo. Para muchos bautizados, el primer pie que ponen en las catequesis supone la segunda ocasión en sus vidas que acuden a la parroquia.

Esto también debe derivar en una reflexión hacia dentro de la Iglesia: “una cosa es el interés con el que la persona viene y otra aprovechar para catequizar al niño, proporcionarle una experiencia de Dios y una cercanía a la comunidad cristiana y también trabajar con esos padres para que lo que se siembra no caiga en saco roto. Cómo hacerlo es más complicado”, matiza Sierra. Y ante esto, otro desafío: que los agentes parroquiales no caigan en el desánimo. Lejos de ello, las catequesis pueden ser el aliciente que necesitan estos niños. Para ello es esencial la motivación de todos y un trabajo mano a mano con el aula y la familia. En este sentido, seguro que este encuentro supondrá un gran revulsivo.

 

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