La Iglesia futura proyectada en el presente

El Centro Diocesano de Teología, Pastoral y Espirituali- dad cerró el curso con la conferencia de clausura ‘La Iglesia del futuro”, ofrecida por el vicario general, Francisco Eche- varría, la tarde del pasado miércoles.

El ponente comenzó situando a la Iglesia en el contexto global de la Historia de la Salvación, “una realidad histórica, pero que ha de ser contemplada en su dimensión de me- diación salvífica, por la que la parroquia –la Iglesia en gene- ral– sólo se puede entender correctamente en clave de fu- turo, impregnada de esa tensión vital que le empuja a la búsqueda de la plenitud a la que está llamado todo”.

Desde esta primera observación, Echevarría planteó la pre- gunta sobre el valor, sentido y significado del presente de la Iglesia interpretado en función de futuro, encontrando la respuesta en la evangelización como tarea del presente que prepara el futuro, porque “lo que hacemos no es para con- servar lo conseguido, sino para preparar lo que está por

conseguir”. En este sentido y en línea con el Papa Francis- co, señaló que “evangelizar es lo que tiene que hacer por encima de todo y antes que nada, lo cual supone esfuerzo, trabajo, dedicación, superación de obstáculos, perseveran- cia… y, dado que es una tarea de toda la Iglesia –no asunto privado de individuos o grupos–, exige también unidad”. Así, Echevarría recordó que esta tarea es la misión esencial de la Iglesia; que es urgente en cuanto a que se debe, ade- más, a la necesidad de los hombres; y que constituye la di- cha, la vocación y la identidad de la Iglesia.

A partir de este análisis previo, el Vicario General subrayó lo que llamó algunos puntos de anclaje: diferenciar entre el futuro de la Iglesia, que siempre está en manos de Dios, y la Iglesia del futuro, que está en nuestras manos; que la Iglesia del futuro ha de edificarse desde la experiencia de vínculo personal y comunitario con Cristo “Cabeza de la Iglesia”, desde el acudir continuamente de la fuente del Evangelio,

para aprender, discernir y convertirse a Él y, final- mente, desde la vivencia profunda de la comunión, expresada en la preocupación de unos por otros, el afecto sincero, el servicio y la rica experiencia de la misericordia, la acogida y el perdón.

Francisco Echevarría llevó a los presentes a una mi- rada interior e invitó a realizar un examen de con- ciencia a través de las cartas a las siete Iglesias del Apocalipsis (Ap. 2-4), para encontrar una palabra de aliento y una llamada a la conversión que haga supe- rar estos estados eclesiales que pueden darse de forma simultánea en la Iglesia. Esto implica, según Echevarría, que “una buena pastoral debe tener de- trás de sí una buena teología, es decir, que debemos revisar cuál es nuestra idea de Iglesia, de qué eclesio- logía partimos”.

De este modo, ofreció una serie de miradas, a la luz de estas cartas: 1) Ante un mundo adverso, dirigir la mirada a nosotros mismos para ver si conservamos el espíritu del Evangelio; 2) Para comprender el sen- tido del momento presente y si verdaderamente nos guía el Espíritu de Jesús, dirigir la mirada a nuestro Señor, manso y humilde, y no movido por el odio o el desprecio; 3) Frente al espíritu del mundo –la mun- danidad–, discernir en qué medida nos dejamos contaminar, seducir, por ese espíritu; 4) Ante quie- nes pretenden apropiarse del evangelio y hacen de sus planteamientos, opciones y preferencias un ab- soluto, una mirada también al interior para recono- cer que Uno sólo es el Maestro; 5) Una mirada a nuestro ánimo, porque si no nos mueve el Espíritu en nuestro corazón se instala la desgana, la rutina, el conformismo, la costumbre; 6)Una mirada dirigida a nuestros recursos, que no son la expresión de poder oriquezahumanas, sinoqueprocedendeDios,del amor de Cristo; 7)La última mirada dirigida al espíri- tu con el que actuamos y desde el que vivimos, para salir de la comodidad y la autocomplacencia pasiva.

Conferencia completa

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