‘Fake news’ y periodismo de paz. 
Una propuesta en la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

En la solemnidad de la Ascensión del Señor, este año este domingo 13 de mayo, se celebra la LII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. El papa Francisco ha elegido para esta ocasión el lema, “«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32). Fake news y periodismo de paz”. Y en su mensaje quiere ofrecer “una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad”.

“En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión”, señala el Papa en su mensaje, “pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar”, advierte.

De este modo, Francisco advierte de la distorsión comunicativa que trae la alteración de la verda, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien, que es una consecuencia de esta sincera búsqueda.
El fenómeno de las llamadas ‘fake news’ o ‘noticias falsas’ se ve favorecido por el contexto digital en el que la información corre veloz, la fuente es ambigua o se oculta tras el anonimato, la actualidad o exhaustividad de los contenidos no son contrastados, etc.

Para ello, el Papa Francisco propone cuatro de reflexión que supongan “una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad”.

¿Qué hay de falso en las ‘noticias falsas’?

La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su capacidad de aparecer como plausibles, verosímiles y, por tanto, capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración.
Esta emotividad contagiosa , a menudo movidas por estrategias ideológicas, nos convierte, a menudo, en “actores involuntarios de opiniones sectarias e infundidas”, advierte el Papa, en vez de en llevarnos a “realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo”.

“El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad”.

¿Cómo podemos reconocerlas?

El Pontífice hace hincapié en la responsabilidad que todo el mundo tiene ante la desinformación y las noticias falsas: “Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades”.

“Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano”.

La búsqueda del poder, las motivaciones económicas y otras dinámicas interesadas están en el origen de estas estrategias desinformativas que nos convierten en “víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón”, denuncia el Papa.

Para ello, la educar en la verdad es uno de los mayores antídotos, a fin de dotarnos de una mayor capacidad de discernimiento, de saber valorar y ponderar los propios deseos e inclinaciones internas que nos privan del bien y nos conducen a caer en la tentación.

“La verdad os hará libres”

Por el contrario, si se carece de esa formación para hacer frente a la desinformación, la exposición a noticias manipuladas deforma a la persona: “La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona”. Frente a ello, “el antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad”.

“Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca”.

Además, “nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad”.

“Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados”, asegura Francisco. Podemos distinguir si esos enunciados “suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa”.

La paz es la verdadera noticia

En esa insistencia permanente del Papa en poner a la persona en el centro de todo discernimiento, vuelve a señalar esta intención como “el mejor antídoto contra las falsedades”, “personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje”.

De manera especial, Francisco hace una llamada a los profesionales de la comunicación, especialmente a los periodistas como “custodios de las noticias”, pues más que un trabajo, en el contexto actual están llamados a desempeñar una verdadera y propia misión: “recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas”.

“Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz”, concluye.

“Cuando no hay 
nada que ocultar, 
sólo podemos superar 
las expectativas de 
quien se acerca a 
la Iglesia con recelo”

 Con ocasión de esta jornada, entrevistamos a Saray Acosta, directora de la Oficina de Prensa del Obispado de Huelva

El Papa llama a recuperar la “verdad” como contenido esencial de la noticia, ¿qué responsabilidad tienen los periodistas ante esta llamada y, especialmente, los profesionales de la comunicación de la Iglesia?

Yo diría que toda la responsabilidad. Nuestro mensaje es verdad en sí mismo, por lo que es imposible desligar esta esencia de lo que comunicamos. En el lema para la jornada de este año, “«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32). Fake news y periodismo de paz” se recoge a la perfección qué es lo que estamos llamados a comunicar los periodistas de la Iglesia. En un par de frases, se alude a la verdad, la libertad y la paz. Creo que la verdad es el ADN de lo que comunica el Evangelio, que es nuestra noticia; la libertad es lo primero que se resta a una persona a la que se priva de comunicación, por lo que de nuevo volvemos a esta relación íntima entre verdad y comunicación; y, por último, la palabra cargada de verdad es el mejor antídoto contra todo conflicto, usada desde la verdad es instrumento de paz. Éstas, por tanto, deben ser las armas de los profesionales que se dedican a la comunicación en la Iglesia: verdad, libertad y paz, traducidos en alegría, que debemos contagiar a todo el mundo.

A la Iglesia se le acusa recurrentemente de hermetismo y falta de transparencia, ¿cómo se gestiona esta “comunicación en la verdad” desde la Oficina de Prensa del Obispado para superar estos mitos?

Efectivamente, son mitos. La verdad es que la experiencia en nuestro caso es bastante positiva. Soy muy partidaria de las distancias cortas y, cuando no hay nada que ocultar, lo único que podemos hacer es superar las expectativas de quien se acerca a la Iglesia con recelo. La transparencia está siendo una de las máximas en los últimos tiempos en el ámbito eclesial y, por tanto, también en Huelva, donde se está elaborando una memoria para dar a conocer la labor de la Iglesia en nuestro entorno. La Oficina de Prensa tiene la responsabilidad de dar a conocer todo este trabajo y de contrarrestar estereotipos oscurantistas con una relación de tú a tú con la sociedad a la que no nos podemos enfrentar por el simple hecho de que no somos otra cosa y como Iglesia formamos parte de la misma.

También, ocurre, que la Iglesia es, a veces, víctima de “fakes”, ¿cómo se afrontan y corrigen estas situaciones?

Ya el Papa Francisco habla en su mensaje con motivo de esta jornada de las falacias en que se convierten las fake news, a menudo, disfrazadas de un discurso plausible, atractivo, emocional y aparentemente irrebatible. En este sentido, quien diga que la Iglesia es una institución cerrada y oscura, probablemente, se ha dejado arrastrar por ese discurso. Quizás cuando se escucha la palabra Iglesia lo primero en lo que se piensa es en una institución inerte y no debería ser así. La Iglesia está formada por personas que, por supuesto, cometen errores, pero son personas que están plenamente integradas en todos los ámbitos de la sociedad, personas que están en constante búsqueda de esa verdad de la que hablábamos, personas con inquietudes como todas y con un gran sentido de justicia social. Desde la Oficina de Prensa, tratamos que ese mensaje vaya calando poco a poco a través de un acercamiento respetuoso y recíproco que, en Huelva, podemos decir que está dando muchos frutos. Una vez más, la verdad es la mejor respuesta a todas las fakes que vayan surgiendo.

De manera especial, el contexto digital toma cada vez más protagonismo informativo, ¿cuál es la presencia de la Iglesia y su mensaje en estos medios?

La incorporación de la Iglesia al ámbito digital, desde mi punto de vista, está siendo muy paulatino. La Iglesia, como no podía ser de otra manera, está ya en el mundo digital y tiene una gran presencia en redes sociales, pero queda mucho por hacer. Tenemos un mensaje infinito y atemporal porque está cargado de verdad, sólo falta afinar más en su traducción a lo digital, para que llegue a más personas.

La ‘cultura digital’ no siempre es bien acogida en la Iglesia con lo que, como señalan los Obispos de la CEMCS, los jóvenes muchas veces se quedan al margen de la propuesta del Evangelio. ¿Cómo superar esta distancia contextual? 

Tenemos generaciones de adultos que han madurado el Evangelio y unas generaciones de nativos digitales con el mensaje “latente”, que me gusta a mí decir, esperando a ser despertado. Y eso no puede ser más que en su contexto, que es ya el de todos. No se trata de educar a los jóvenes para que reciban el mensaje como lo hicieron nuestros padres, porque sería como dar de comer a un pez fuera del agua. Consiste en propiciar espacios de encuentro, porque en la Verdad, se hallan múltiples confluencias que rebasan todas las barreras generacionales. Como recuerda el Papa en su mensaje, “la verdad tiene que ver con la vida entera”, independientemente de la circunstancias de cada uno.

Materiales de la LII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

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