Nuestro Obispo habló del Cristo que da vida y llamó a la unidad y a no olvidarse del otro en la celebración del Corpus Christi

Ayer domingo, día 18 de junio, la Iglesia celebró la Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo con una Misa Solemne que fue presidida por nuestro obispo, José Vilaplana Blasco, en la Santa Iglesia Catedral, en una calurosa jornada en la que también se celebraba el día de la Caridad.

Mons. Vilaplana centró su homilía en tres cuestiones fundamentales: el encuentro con Cristo vivo que da vida; la Eucaristía como llamada a la unidad; y Jesucristo, Pan vivo y alimento para el camino de la vida.

En primer lugar, nuestro Pastor invitó a que cada uno recordemos: “Cristo se ha entregado por mí para que yo pueda saborear la presencia de Dios en el corazón y para que Dios me conceda vida eterna, la que no acaba”. En este sentido, pidió que “cuando participemos en la Eucaristía, no lo hagamos como un rito más, como algo más que hacemos los cristianos. Nuestro mundo no nos ayuda a interiorizar, nos dispersa la mente y la atención”, por lo cual, “procuremos cuando celebramos la Eucaristía vivir este misterio de encuentro personal con Cristo, sin el que la vida cristiana carece de fundamento”, subrayó.

Por otro lado, llamó a la unidad, porque “comemos el mismo Pan que nos hace uno en Cristo”. De esta manera, añadió, “la Eucaristía no permite que entre nosotros haya divisiones. Participar en la Eucaristía es una llamada para que busquemos siempre caminos de reconciliación, caminos de entendimiento en el seno de nuestras familias, en nuestras agrupaciones, entre nuestros vecinos, en nuestra sociedad”. La Eucaristía nos debe llevar siempre a preguntarnos “cómo trabajamos por la paz y por la unidad en la Iglesia y en el mundo”.

Por último, nuestro Obispo definió la vida como un camino “lleno de pruebas y de dificultades en el que podemos tener siempre la tentación de olvidar a los que se cansan, de no mirar al que se queda en la cuneta y de no atender a los que quedan descartados”, por ello, el Corpus Christi en las calles “nos ayuda a abrir los ojos, las manos y el corazón para que podamos hacer el camino compartiendo y ayudando a quienes más nos necesitan”. La Eucaristía debe ser para nosotros “una fuente que estimule nuestra creatividad para dar respuesta a las grandes necesidades, a la sed y al hambre de felicidad que tenemos todas las personas y que Cristo nos ha enseñado a saciar compartiendo y dando nuestra vida”, explicó.

Tras la celebración Eucarística, salió la Procesión por las calles. En una plataforma levantada ante la puerta de la Catedral, se instaló un Altar desde donde el Obispo hizo una breve alocución al pueblo e impartió la Bendición con el Santísimo Sacramento.

 

 

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