Gente comprometida



Queridos hermanos y hermanas:

La Campaña de Manos Unidas, en la presente edición, pone a nuestra consideración la necesidad de compromiso con los hambrientos, de manera que el lema nos llama a implicarnos: “El mundo no necesita más comida. Necesita más gente comprometida”. Sólo cuando un problema lo hacemos nuestro es cuando intentamos en serio buscarle una solución, cuando lo hacemos “nuestro”. En ese sentido, como hago cada año, y cada vez que tengo ocasión de encontrarme con los componentes de Manos Unidas, animo a todos los diocesanos a acoger las propuestas de esta Campaña, como una concreción de aquello que el Santo Padre Francisco nos recordó recientemente:

“El carácter social de la misericordia obliga a no quedarse inmóviles y a desterrar la indiferencia y la hipocresía, de modo que los planes y proyectos no queden sólo en letra muerta. Que el Espíritu Santo nos ayude a estar siempre dispuestos a contribuir de manera concreta y desinteresada, para que la justicia y una vida digna no sean sólo palabras bonitas, sino que constituyan el compromiso concreto de todo el que quiere testimoniar la presencia del reino de Dios” (Misericordia et misera, 19). En efecto, esta Campaña de Manos Unidas es una oportunidad para que nuestro trabajo por la justicia sea concreto. Pero, como nos quiere transmitir el lema de esta edición, el compromiso que se nos pide va más allá del alimento material, sin duda necesario. El hambre enmascara toda una falta de justicia y de reconocimiento de la dignidad de la persona humana, va más allá de la simple subsistencia corporal. Detrás del hambre material está también la expresión del “hambre de Dios”, el hambre de plenitud de unas personas a las que faltan los medios para usar las potencialidades que le aporta la cultura, la educación, las condiciones de vida que no lastren su desarrollo humano y social.

Para los seguidores de Jesucristo, el lema de esta Campaña puede y debe ser como un eco de aquellas palabras de Jesús: “Dadles vosotros de comer” (Mc 6, 37) , “lo cual implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad” (Evangelii Gaudium, 188). Cada uno de nosotros verá qué puede hacer en el compromiso que se nos pide. Manos Unidas, en el Manifiesto de la Campaña 2017, concreta ese compromiso en tres puntos: que la cosecha de alimentos tenga como prioridad el consumo humano y no la especulación; que sea respetuosa con el medio ambiente; y en el aprovechamiento riguroso de los alimentos, que evite la pérdida y desperdicio de los mismos. Escuchemos a Manos Unidas. Su labor de concienciación es muy importante, porque mueve voluntades. Por nuestra parte, que nuestra aportación económica sea una muestra y una ocasión del compromiso que se nos pide, ¡son tantos los proyectos que hacen posibles nuestra aportaciones! Hagamos concretos nuestros deseos de trabajar por la justicia. Como dice el Salmista: “el recuerdo del justo será perpetuo” (Sal. 112, 6). El Justo es Nuestro Señor Jesucristo y nosotros prolon- gamos su obra, que perpetúa su misericordia, que es eterna.

Con mi afecto y bendición.

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