Manuel González: el santo que tocó el corazón de Huelva

El beato Manuel González será santo a partir de este próximo domingo, 16 de octubre. El Papa Francisco canonizará al que fuera arcipreste de Huelva y párroco de San Pedro, Manuel González García, junto con seis beatos más: Salomón Leclerq, José Sánchez del Río, Ludovico Pavoni, Alfonso María Fusco, José Gabriel del Rosario Brochero e Isabel de la Santísima Trinidad Catez. La celebración de la Santa Misa tendrá lugar a las 10:15 h., en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

El Papa Juan Pablo II, en su homilía de la Santa Misa de beatificación del obispo Manuel González García, afirmó que “el beato Manuel González es un modelo de fe eucarística, cuyo ejemplo sigue hablando a la Iglesia de hoy”. Es importante, por tanto, que este acontecimiento no pase desapercibido para las comunidades cristianas de nuestra Diócesis. El ser declarado santo alguien que ha regido una parcela pastoral de nuestra actual Diócesis es motivo de acción de gracias a Dios y de alegría eclesial para nuestro pueblo.

Nació en Sevilla el 25 de febrero de 1877. Fue ordenado sacerdote el 21 de septiembre de 1901. Tenía 24 años. Era Doctor en Teología y Licenciado en Derecho Canónico. Su tarea pastoral estuvo centrada, como párroco, en Huelva y, como Obispo, en Málaga y Palencia. Murió, enfermo, en el sanatorio del Rosario de Madrid el 4 de enero de 1940. Tenía 63 años. Corta vida para tan fecunda labor apostólica.

Párroco que fue de S. Pedro de Huelva, Obispo de Málaga y de Palencia, el 2 de diciembre de 1902 estuvo en Palomares del Rio (Sevilla) participando en una misión popular. Allí tuvo una profunda experiencia religiosa: se encontró con un Sagrario abandonado y desatendido. El impacto fue tan grande que le orientó toda su vida sacerdotal. De obispo quería ser conocido como “El Obispo de los Sagrarios abandonados”.

El 1 de marzo de 1905, el Arzobispo de Sevilla, Cardenal Spínola, le propone ser Cura Ecónomo de la parroquia Mayor de S. Pedro de Huelva. Entre otras razones, el Arzobispo argumenta que la ciudad de Huelva está muy mal pastoralmente y confía en él. Acepta con prontitud y filial obediencia. El 9 de marzo de 1905 toma posesión -tenía 28 años- y en junio del mismo año es nombrado Arcipreste de Huelva, título –El Arcipreste- con el que era normalmente conocido. Su estancia en Huelva fue hasta diciembre de 1915 en que fue nombrado obispo de Málaga. Fueron, prácticamente, algo más de 10 años de vida apostólica intensa y de gran compromiso en nuestra ciudad. La estancia en Huelva fue una verdadera escuela de aprendizaje pastoral para el Arcipreste. A pesar de su juventud, no le faltó creatividad evangelizadora y coraje apostólico.

En el ámbito educativo, debido a que la realidad socio-religiosa y cultural de Huelva era muy lamentable, la urgencia pastoral era clara: crear escuelas católicas. Y en este sentido, el 25 de enero de 1908 se inauguran las “Escuelas del sagrado Corazón de Jesús”, situadas donde ahora están los PP Jesuitas. Fue entonces cuando afloró la vocación de D. M. Siurot, ofreciéndose como maestro, siendo abogado. Tales escuelas continúan históricamente en el actual “Colegio Diocesano Sagrado Corazón de Jesús”, ubicado en el edificio del Seminario. La preocupación educativa le llevó a crear también las Escuelas del Polvorín, de las que deriva el actual colegio de las Teresianas. El templo parroquial de S. José Obrero era la capilla del Colegio.

En el plano espiritual, la experiencia de Palomares del Rio no cayó en el olvido. De ahí que en el Sagrario de S. Pedro, el 4 de marzo de 1910, fundara la “Obra de las Marías de los Sagrarios Calvarios”, ampliándose un mes más tarde a los hombres con la obra “Discípulos de S. Juan”; y en 1912, funda los “Niños Reparadores”. Atender a los Sagrarios abandonados era un obsesión pastoral que quería contagiar a toda la comunidad cristiana, como así lo demostró también como obispo.

En el ámbito cultural. Es reconocido como un gran orador, un excelente catequista y un prolijo escritor. En 1910, con sólo 5 años de experiencia parroquial en S. Pedro, escribe el libro “Lo que puede un cura hoy”, de reconocimiento internacional y traducido a varios idiomas. En esta línea apostólica, funda, como cauce de evangelización, la revista “El Granito de Arena”, cuya continuidad mantienen las Nazarenas. En 1913 interviene como ponente en el I Congreso Catequístico de Valladolid.

En el ámbito social, su preocupación socio-pastoral quedó de manifiesto en la participación en la III Semana Social Española (1908) con la ponencia “La acción Social del Párroco”. Y el compromiso efectivo cristalizó en las ayudas prestadas a los obreros y a sus hijos durante la huelga minera de 1913. Así mismo asistió de forma especial a los damnificados por las inundaciones que se produjeron en ese mismo año en Huelva.

El 16 de enero de 1916 es consagrado obispo. Tenía 38 años. Su primer destino episcopal fue Málaga. En 1931, los conflictos antirreligiosos en España le afectan directamente. El Palacio Episcopal y otros templos fueron incendiados. Tuvo que refugiarse en Gibraltar y, pasando por Ronda, estableció su estancia en Madrid, sin volver ya a Málaga. El 15 de septiembre de 1935, el Papa Pío XI le nombró obispo de Palencia, su último destino.

Tras su muerte el 4 de enero de 1940, sus restos reposan en el Sagrario de la Catedral de Palencia con el epitafio que él mismo dejó: «Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis abandonado!». Fue beatificado el 29 de abril de 2001 por otro santo, san Juan Pablo II.

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