Naim cumple 25 años de esperanza contra las adicciones

Fruto de la obra social de las parroquias de Punta Umbría, este proyecto cumplió el pasado jueves, 21 de abril, 25 años de andadura desde que el recordado Pepe García, entonces párroco, la pusiera en marcha junto a un importante grupo de colaboradores.

Las adicciones y su onda expansiva. Una familia rota, una vida desecha, el más que te lleva a más y todo eso que, en primera, segunda o tercera persona, alguno habrá podido vivir de cerca en alguna ocasión. La adicción y su nombre propio, ya sea droga, alcohol, juego o un largo etcétera, es lo que viene tratando la comunidad terapéutica Naim desde hace ya casi 25 años.

Miles de chavales que, durante este tiempo, han pasado por el centro para reconstruir, e incluso construir, una vida nueva. Lo viejo ha pasado: ante la necesidad detectada en la Hispanidad y en Punta Umbría, los sacerdotes José García y Francisco Echevarría emprendieron este camino ligado a las parroquias de Punta Umbría. Y manos a la obra, estos amigos de la época del Seminario se plantean cuál puede ser la solución. Una vez que un particular cede el terreno para acoger las instalaciones, la primera tarea se centra en traer chavales de esas parroquias para que pasen el mono y enviarlos a Proyecto Hombre Málaga, que era el único que existía en Andalucía en ese momento. Poco a poco, se compró el terreno, se creó la Asociación, se mejoraron las instalaciones y se creó el programa terapéutico que se aplica actualmente.

Los beneficiarios son hombres de cualquier parte del mundo de entre 18 y 45 años y la condición social es cualquiera, ya que las adicciones afectan a toda persona, sea cuál sea su poder adquisitivo o su formación académica. De hecho, algo que sí ha parecido evolucionar desde los años ochenta es la politoxicomanía, de manera que la persona adicta no se refugia en una única práctica o sustancia, sino que acude a varias a la vez. Lo nuevo ha comenzado: así lo anuncian los testimonios de las numerosas personas que han pasado por el programa. Aquéllas que han podido recuperar de nuevo a sus familias, encontrar un empleo, adquirir formación en alguna materia concreta, e incluso acceder a la universidad.

Por todo ello, estos 25 años pueden suponer para el centro una revisión, una autoevaluación y, por supuesto, un gran motivo de celebración que se traducirá en encuentros, jornadas o exposiciones. Aquellos que no tenían esperanza y que nos apostaban por ellos mismos, hoy pueden dar fe de que, efectivamente, lo viejo ha pasado, lo nuevo ha comenzado y todo es obra de Dios (2 Cor 5, 17-18).

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