Un verano para cultivar y vivir la fe

El verano es la estación en la que todos nos bajamos del tren de lo rutinario para descansar, o mejor dicho, para cansarnos de lo que realmente nos apetece: un poco de sol, pasear sin mirar el reloj junto a familiares y amigos, retomar la lectura que teníamos aparcada…

Pero, ¿qué interruptores de nuestras vidas debemos apagar en estas fechas y cuáles dejar encendidos? Quizás la necesidad de olvidarnos de las preocupaciones cotidianas nos haga caer en la tentación de desenchufarnos a nosotros mismos y, sin corriente de luz, tampoco los humanos funcionamos.

Que no decaiga, pues, el motor de la oración: cuando tomemos el sol,pensemos también qué rayos nos iluminan el corazón; cuando caminemos en familia, no olvidemos la ruta interior del espíritu; y cuando leamos un libro, reparemos igualmente en los renglones del alma… Y contemplemos la naturaleza, reposemos en una mirada, emprendamos la aventura recíproca de la solidaridad. En todo eso está Dios, no dejemos que el calor evapore nuestra fe.

Nuestra Diócesis oferta dos tandas de Ejercicios Espirituales en la Casa de Ejercicios de la Virgen de la Cinta (del 5 al 14 de julio; y del 9 al 17 de septiembre), además de la Peregrinación a Tierra Santa, acompañada por nuestro obispo, del 6 al 13 de julio, o el encuentro de jóvenes de las diócesis andaluzas en El Rocío, con motivo, y simultáneamente, a la JMJ de Brasil, en la que el Papa Francisco se encontrará con jóvenes de todo el mundo. Una oferta para cultivar y vivir la fe.

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