Homilía de Mons. José Vilaplana en la Misa de Pontifical de Pentecostés en El Rocío

A continuación pueden leer la homilía pronunciada por nuestro obispo, José Vilaplana Blasco, en la Santa Misa de Pontifical de la Solemnidad de Pentecostés, que se celebra en El Rocío.

Homilía en la Misa Pontifical de Pentecostés
El Rocío, 19 de mayo de 2013

-Queridos Hermanos:

-Don Ignacio, Obispo emérito de nuestra Diócesis de Huelva.

-Sacerdotes concelebrantes y diáconos.

– Autoridades presentes.

-Presidente, Hermano Mayor y Hermandad Matriz de Nuestra Señora del Rocío, de Almonte.

-Hermandades y Asociaciones rocieras.

-Queridos hermanos y hermanas todos, especialmente, mayores y enfermos que os unís a esta celebración a través de la radio y la televisión:

«Paz a vosotros» (Jn 20), con estas palabras de Cristo Resucitado os saludo a todos en esta fiesta de Pentecostés, que celebramos, con alegría, junto a nuestra Madre, la Virgen del Rocío. Estamos en su casa, en su Aldea, a la que hemos llegado como peregrinos en este Año de la fe, en este Año jubilar. Aquí todos nos encontramos en casa.

Deseo tener un recuerdo agradecido y una oración por el Papa emérito Benedicto XVI, que nos concedió este Año jubilar: que Dios lo bendiga y lo guarde en su retiro de oración por la Iglesia, escondido para el mundo.

Os invito a dar gracias a Dios por este momento, por este encuentro festivo y fraterno en torno a la mesa del Señor, el Pastor Divino, que nos guía con su Palabra y nos alimenta con su Cuerpo y Sangre en la Eucaristía. Como los discípulos, reunidos con María , la Madre de Jesús (cfr. Hch 1, 14), vivamos sincera e intensamente este momento de oración. Dispongámonos a recibir el Rocío del Espíritu Santo para que nos haga testigos creíbles del Evangelio en medio de nuestro mundo.

1. El Rocío en el Año de la fe.

Cristianos rocieros, en este Año de la fe miremos a María como mujer creyente. Isabel la saludó con esta preciosa exclamación: ¡Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá! (Lc 1, 45). ¡Dichosos nosotros, si, como ella, somos hombres y mujeres de fe! María es modelo de fe porque escuchó y acogió la Palabra de Dios, con corazón obediente, entregándose totalmente a lo que Dios le propuso. No fue fácil para Ella, que conoció la «fatiga del corazón» avanzando como peregrina por los caminos de Dios, hasta llegar a estar de pie junto a la Cruz de su Hijo, donde nos acogió como hijos. A la Madre siempre fiel la contemplamos ahora como Reina en su querida imagen, con las ráfagas de la gloria, participando de la victoria de su Hijo, el Señor Resucitado. ¡Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se ha cumplido ya!

En este Pentecostés pidamos al Señor, por intercesión de nuestra Madre del Rocío, fortaleza para nuestra débil fe; coherencia para que nuestra fe se refleje en nuestra vida; y entusiasmo para transmitirla a nuestros hijos.

El Beato Juan Pablo II, hace veinte años, desde el balcón que mira a la Marisma, nos decía:

«Apelando al sentimiento más profundo que, como cristianos y rocieros, lleváis en el fondo de vuestras almas, quiero alentaros a reavivar en vosotros el amor y la devoción a María, y por Ella a Cristo, dando así también testimonio de una fe que se hace cultura. Sería una pena que esta cultura cristiana vuestra, profundamente enraizada en la fe, se debilitara por inhibición o por cobardía al ceder a la tentación…de rechazar o despreciar los valores cristianos que cimientan la obra de la devoción a María y dan savia a las raíces del Rocío» .

2. El Rocío en el Año jubilar.

Cristianos rocieros, esta celebración de Pentecostés está marcada también por la alegría del Año jubilar. Pentecostés es siempre fiesta de renovación por el fuego del Espíritu Santo, que purifica y da vida a lo que está débil, vacío o enfermo. Junto a la Virgen María, reconocemos que sólo Dios, con el don de su Espíritu Santo, es capaz de vivificar nuestra frágil condición humana, haciendo maravillas en nuestra pequeñez.

Tomaos en serio lo que significa un Jubileo como tiempo de gracia para nuestra renovación espiritual. Las personas necesitamos renovarnos. Nuestra sociedad está necesitada de una radical renovación. Hacen falta personas nuevas, para una nueva sociedad.

La Iglesia señala el amor misericordioso de Dios como fuente permanente, capaz de recomponer a la persona humana. En efecto: « Descubriéndose amado por Dios, el hombre comprende la propia dignidad trascendente, aprende a no contentarse consigo mismo y a salir al encuentro del otro en una red de relaciones cada vez más auténticamente humanas. Los hombres renovados por el amor de Dios son capaces de cambiar las reglas, la calidad de las relaciones y las estructuras sociales: son personas capaces de llevar paz donde hay conflictos, de construir y cultivar relaciones fraternas donde hay odio, de buscar la justicia donde domina la explotación del hombre por el hombre. Sólo el amor es capaz de transformar de modo radical las relaciones que los seres humanos tienen entre sí » . Recordemos que «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rom 8, 11).

De la mano de la Virgen del Rocío, nuestra Madre, miles de personas han celebrado, y estamos celebrando, el Jubileo para buscar la misericordia de Dios, que perdona siempre, como repite nuestro Papa Francisco: « Dios nunca se cansa de perdonar (…). El problema es que (…) nos cansamos de pedir perdón (…). Él es Padre amoroso que siempre perdona » . Recordemos pues que el sol de la misericordia de Dios brilla siempre para nosotros; el problema es que tenemos las ventanas del corazón cerradas. María siempre las tuvo abiertas de par en par, por eso es la Llena de Gracia, la Limpia y Pura desde su Concepción. Sólo hombres y mujeres limpios construirán una sociedad transparente, sólo hombres y mujeres justos harán posible un mundo solidario. Queridos hermanos y hermanas, renovados y purificados por la gracia jubilar, no regresemos de nuestra peregrinación rociera sin el compromiso de participar en esta transformación de nuestra sociedad.

Nuestra Madre nos acompaña e intercede siempre por nosotros para que no nos falte la fuerza que da el Espíritu Santo.

3. Pentecostés y la misión de la Iglesia.

Cristianos rocieros, Pentecostés es misión. La Iglesia, empujada por el Espíritu Santo es enviada al mundo a mostrar el rostro amoroso de Dios. «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo…»” (Jn 20, 21-22). Estas palabras que hemos escuchado en el Evangelio son palabras que se dirigen también a nosotros. Somos enviados al mundo para anunciar a Jesucristo y ofrecer esperanza a la humanidad. Para llevar a cabo esta misión los que formamos la Iglesia necesitamos una profunda renovación. El Papa Francisco nos ha alertado últimamente del peligro del aburguesamiento del corazón que nos paraliza y nos invitaba a renunciar a esa vida cómoda que nos impide seguir la llamada de Jesús y nos frena en el amor a los más pobres y enfermos . Es necesaria la autenticidad evangélica para anunciar el Evangelio.

El Papa exhortaba recientemente a las hermandades: «Sed también vosotros auténticos evangelizadores. Que vuestras iniciativas sean «puentes», senderos para llevar a Cristo, para caminar con él. Y, con este espíritu, estad siempre atentos a la caridad (…). Sed misioneros del amor y de la ternura de Dios ». Y, yo, os pregunto: ¿Podrá agradar algo más a nuestra Madre que vernos avanzar por este camino? Ella, que es Madre de misericordia y portadora de Cristo, se verá reflejada en este comportamiento de sus hijos.

Esta misión se realiza en la unidad, en la vivencia de la comunión eclesial, en la experiencia de la comunidad cristiana, «porque en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común» (Cor 12, 7). ¿Qué alegría más grande se le puede dar a una Madre que ver a los hijos unidos?

Todos estamos convocados a la misión de la Iglesia, pero hoy deseo dirigirme especialmente a los jóvenes. Los obispos de Andalucía, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, conscientes de que muchos no podrán viajar a Brasil, hemos convocado a los jóvenes de nuestras diócesis a vivir en El Rocío, en comunión con el Sucesor de Pedro, ese gozoso acontecimiento. Jóvenes rocieros, os esperamos y contamos con vosotros para este encuentro. Preparaos para ese momento recordando lo que os decía el Papa el Domingo de Ramos: «Los jóvenes deben decir al mundo: Es bueno seguir a Jesús; es bueno ir con Jesús; es bueno el mensaje de Jesús; es bueno salir de uno mismo, a las periferias del mundo y de la existencia, para llevar a Jesús. »

Conclusión.

Concluyo esta homilía haciendo mías todas vuestras intenciones para presentarlas al Señor. Soy consciente de que venís al Rocío cargados de preocupaciones para ponerlas en las manos maternales de la Virgen: enfermedades, necesidad de trabajo, apuros económicos, preocupación por la vivienda, desavenencias, la falta de fe de los hijos, su futuro… Oremos unos por otros; cuando un miembro sufre, todos sufren con él (cfr. Cor 12, 26)

Sé también que lleváis en vuestros corazones la acción de gracias, el reconocimiento de vuestra oración escuchada, y la alegría: por la salud recuperada, por un nuevo nacimiento en vuestra familia, por vuestro matrimonio, por un encuentro esperado, por tantas cosas buenas… Que los gozos y las esperanzas de cada uno sean nuestros gozos y esperanzas , y juntos, demos gracias a Dios.

Reina y Madre nuestra, ruega por nosotros, para que creamos firmemente en Dios nuestro Padre y vivamos la confianza y la fraternidad, de modo que nadie se sienta solo y abandonado.

Madre de Dios, ayúdanos a seguir con autenticidad evangélica los pasos de tu Hijo Jesús, compartiendo siempre con generosidad y sirviendo a los más pobres.

Virgen del Rocío, enséñanos a ser dóciles al Espíritu Santo para que nos dejemos renovar por su acción santificadora y así trabajemos en la transformación de nuestra sociedad. Amén.

 + José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

Homilía de Pentecostés en El Rocío (2013)

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