El valor de los abuelos

El día 26 de julio celebramos el Día de los Abuelos, una jornada propicia para recordar las figuras de San Joaquín y de Santa Ana. En nuestra Diócesis, lo haremos, a las 18.00 horas, en la Residencia de San Juan del Puerto, que lleva el nombre de estos dos santos (véase el artículo escrito con motivo del día de los abuelos en la hoja “Familia Diocesana” por el delegado de Pastoral Familiar, José Antonio García Morales).

En la Iglesia de Santa Ana, de Jerusalén, se encuentra un hermoso grupo escultórico, modelado en mármol de Carrara, que representa a Santa Ana, Madre de María, sentada, y a su izquierda y de pie, la Virgen Niña. Es imagen muy venerada en Jerusalén.

Según la tradición, Joaquín y Ana, los abuelos de Jesús, vivían en Nazaret y se trasladaron a vivir a Jerusalén, donde nació la Virgen María. Estos venerables santos murieron en Jerusalén.

Esta Iglesia que comentamos está dedicada a la memoria de la Natividad de la Virgen y situada al lado de la piscina probática o Bethsaida. Este lugar, el conquistador de Jerusalén, Saladin, lo transformó en escuela de derecho coránico y así se salvó.

Los Evangelios canónicos no hacen referencia a los padres de María, pero sí aparecen en el Protoevangelio de Santiago, un texto apócrifo.

La devoción a Santa Ana, data aproximadamente del siglo VI y la de San Joaquín es posterior. La festividad de estos santos la celebra la Iglesia cada año el 26 de julio.

Es justo manifestar, no sólo este día, sino todos, agradecimiento, respeto y solidaridad a los abuelos. Algo que no se suele valorar es la sabiduría de los años. Sin embargo, la Iglesia define a San Joaquín y Santa Ana, como protectores ejemplares de la familia cristiana. En la actualidad, la presencia de los abuelos es un consuelo de desahogo para muchas familias. Poder contar con ellos, es un recurso muy importante.

El encuentro entre abuelos y nietos es enriquecedor para ambos. Pueden hacer con ellos cosas distintas, se sienten más libres ante su presencia. En términos generales, los abuelos sienten mucho placer con sus nietos, les ofrecen mucho cariño. Abuelos y padres desempeñan distintos papeles y son muy valiosos a la hora de transmitirles valores.

Los abuelos deben respetar la decisión de los padres, aunque no estén de acuerdo, salvo en casos de riesgo. Podrán hacer valer su opinión, ganándose la confianza de sus hijos, estableciendo una relación afectuosa con los mismos. Es importante valorar que, tanto padres como abuelos, procuran el bienestar de los niños.

Los abuelos transmiten a sus nietos la tradición de la familia y deben ser para ellos un ejemplo. Tienen una situación privilegiada de confianza, lo que les permite convertirse en perfectos transmisores de los valores morales y que sean fácilmente asimilados. Pueden lograr, junto con los padres, una magnífica educación y formación espiritual para sus nietos.

Juan Pablo II dedicó unas líneas muy emotivas a los abuelos: “ellos tienen ciertamente mucho que dar en su sabiduría y experiencia a la comunidad, si ésta sabe estar cercana a ellos, con atención y capacidad de escucha”.

En la Biblia leemos que Abrahán y Sara, al igual que Zacarías e Isabel, fueron llamados por Dios en su ancianidad. Para Dios nunca es tarde y todos importamos. Y es que para Dios, nada es imposible.

Materialismo, infelicidad, falta de compromiso, educación, respeto… habría que dar más relevancia a la voz de la experiencia de nuestros mayores. Muchos jóvenes de hoy necesitan unirse, compartir y fortalecer una serie de valores cristianos.

Preguntémonos, finalmente, a modo de reflexión: ¿Qué les sucede a los abuelos que pasan el final de sus vidas en los asilos y residencias de ancianos y sus nietos no van ni siquiera a visitarlos?

Y finalizo con un pensamiento de Benedicto XVI: “los abuelos siguen siendo un testimonio de unidad, de valores basados en la fidelidad a un único amor, que genera la fe y la alegría de vivir”.

Pepita Garfia.

 

 

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