Adviento de la gozosa espera

El período del ADVIENTO, tiempo de preparación al Nacimiento y a la venida escatológica de Cristo, es ciertamente conocido en el siglo V, pero ya hay algunos antecedentes desde final del IV siglo.

El término «adviento» (= venida) en el lenguaje bíblico–litúrgico fue usado primero para significar la preparación a la segunda venida (= parusía) de Cristo, al fin de los tiempos. Sólo más tarde, en los siglos VIII y IX «adviento» será preferentemente referido a la primera venida de Cristo y, por tanto, se acentúa como preparación a la Navidad.

Toda nuestra vida, toda nuestra historia, es un Adviento en serena tensión, «esperando con gozosa esperanza la venida de Nuestro Salvador Jesucristo”: Es tiempo de la Iglesia que en actitud de vigilancia, se hace comunidad de esperanza, peregrina y misionera, depositaria de las promesas e intérprete de los anhelos de la humanidad.

El Adviento es conjuntamente presencia y espera. Presencia del Señor cuya salvación es ya una realidad en medio de nosotros y se revela realmente en los signos sacramentales, por eso decimos maran – athá, es decir “el Señor llega”. Y espera del Señor que viene y cuya venida es invocada ‘maranathá’, “Ven Señor Jesús”, ya que esperamos, con gozosa esperanza, la revelación total y definitiva.

En el Adviento la Iglesia invita a sus hijos a acoger a Cristo en el misterio de la Navidad y a acogerlo después en sus permanentes venidas en los signos de los tiempos, en los hechos de la vida cotidiana, en el encuentro con nuestros prójimos, etc.

Cuatro semanas para intensificar la espera, la vigilancia, la oración, la fidelidad en el trabajo, la sensibilidad para descubrir y discernir los signos de los tiempos, como manifestaciones del Dios Salvador que está viniendo con gloria. Y durante estas semanas tenemos que esforzarnos por descubrir y desear eficazmente las promesas mesiánicas: la paz, la justicia, la relación fraternal, el nacimiento en Cristo de un mundo nuevo.

Por eso la Iglesia invita a retomar y profundizar en los diversos momentos familiares/comunitarios: las Misas dominicales esmeradamente cuidadas; las Misas feriales acompañadas de breves reflexiones; encuentros de reflexión y oración por grupos; celebraciones de la Palabra; celebraciones penitenciales y, próximos a la Navidad celebraciones comunitarias del Sacramento de la Penitencia. Y, por supuesto, mucho villancico.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Comments are closed.