HOMILÍA SOLEMNIDAD DE LA VIRGEN DE LA CINTA, PATRONA DE HUELVA



 Homilía en la Solemnidad de la Virgen de la Cinta, Patrona de Huelva

(8 de septiembre de 2010)

 

Mi querido Hermano Obispo Don Ignacio, Hermanos sacerdotes, Sr. Alcalde y miembros del Excmo. Ayuntamiento de Huelva, Autoridades civiles, militares y académicas, Hermano Mayor y miembros de la Hermandad de Nuestra Señora de la Cinta, Presidente del Consejo de Hermandades y Hermanos Mayores, queridos hermanos y hermanas todos:

1. Rebosante de alegría, toda la Iglesia celebra hoy la Natividad de la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. Los cristianos nos reunimos hoy en numerosos pueblos y ciudades para honrarla con diferentes  títulos, que indican su presencia maternal en medio del Pueblo de Dios y la percepción de los fieles que la acogen como Madre y sienten su tierna protección. Así lo hacemos hoy los cristianos de Huelva, aclamando a María como Patrona nuestra e invocándola bajo la entrañable advocación de la Cinta; Cinta que nos une más fuertemente a su Hijo Jesús; Cinta que nos ata más como hermanos; Cinta que venda nuestras heridas y calma nuestros dolores.

2. Hemos escuchado la palabra de Dios. Sorprendentemente no habla del nacimiento de María, sin embargo se ha proclamado el nacimiento de Jesús. Esto indica que en María todo apunta a su Hijo. María ha sido elegida por Dios como la Madre del Salvador, como digna morada en que el Hijo eterno del Padre, tomaría nuestra carne, por obra del Espíritu Santo en su seno virginal.

El fragmento del Evangelio que hemos escuchado va precedido por una genealogía de Jesús, que presenta a la humanidad, profundamente herida por el pecado, una humanidad oscurecida por tantos errores, divisiones e injusticias, y, sin embargo, querida por Dios, hasta tal punto, que su Hijo es enviado para ser el Salvador, -el Emmanuel- Dios con nosotros, el médico que puede curar el corazón humano, el que pastoreará con la fuerza del Señor y será nuestra Paz[1].

La Iglesia se alegra, se fortalece y se goza en la fiesta del “Nacimiento de la Virgen María que fue para el mundo esperanza y aurora de salvación”[2]. En el nacimiento de la Virgen María apunta ya la luz del nuevo día, del tiempo nuevo, que traerá el nuevo Sol, Cristo Jesús, “que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”[3].

Esta es una fiesta de alegría y esperanza que debe proyectar su luz para nuestra renovación personal, eclesial y social.

3. Todos los actos realizados en honor de nuestra Patrona, la Virgen de la Cinta: su traslado desde el Conquero al centro de la Ciudad, su solemne procesión, esta Eucaristía que estamos celebrando…, todo ha de conducirnos a una cuestión fundamental, -que no puede quedar encubierta por lo que nosotros queremos hacer por Ella-. Cuestión que consiste, precisamente, en descubrir qué quiere Ella hacer por nosotros. María siempre nos muestra a Jesús y nos repite: “haced lo que Él os diga”[4]. Estamos “llamados a ser imagen de su Hijo”[5] y por tanto, nada puede alegrar más a nuestra Madre, que vernos crecer y vivir pareciéndonos a Jesucristo. Esta unión nuestra con el Señor hace que en nosotros todo sea nuevo[6] y que vivamos como hijos de la luz[7].

Toda fiesta cristiana hace resonar la llamada de Dios a que redescubramos nuestra vocación a la santidad -aunque esta palabra parezca extraña en nuestra sociedad-. La Virgen, Santa María, en la que Dios hizo maravillas, es modelo para todos nosotros, que por el Bautismo recibimos la gracia de ser hijos de Dios, y fuimos revestidos con la vestidura blanca que debemos mantener siempre limpia, en una vida coherente con la fe que profesamos; y si por nuestra debilidad la manchamos dejarnos purificar por el sacramento de la misericordia y por nuestra actitud de conversión permanente. Dios nos permite nacer de nuevo[8] para entrar como niños en su reino[9].

4. En este día de la Fiesta de nuestra Patrona, que celebramos providencialmente cuando comienza un nuevo curso, quiero encomendar especialmente a la Virgen María, el nuevo Plan Diocesano de Evangelización, que vamos a poner en marcha en los próximos meses. El Plan pastoral está centrado en la renovación de nuestras Parroquias: que han de ser lugares donde se viva y se transmita el misterio del amor de Dios. Están llamadas a ser una escuela de discípulos, un hogar de hermanos y una fragua de testigos, que vivan intensamente su fe en Cristo y la hagan creíble en el mundo por el testimonio de una caridad auténtica. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, nos ayude a descubrir la dimensión comunitaria de nuestra fe y que nos ate unos a otros con la Cinta del amor fraterno, nos libre de la atomización y de las divisiones internas, y nos conceda hacer presente en nuestra sociedad la novedad del Evangelio.

5. Los cristianos vivimos en medio del mundo y hemos de ser sensibles a sus sufrimientos. La imagen de la Virgen de la Cinta nos presenta a su Hijo Jesús desnudo y frágil, signo de tantos hermanos nuestros que necesitan nuestros gestos de amor y nuestra generosa dedicación para paliar sus necesidades. Hoy deseo subrayar dos tentaciones que nos pueden afectar en el momento presente:

-La tentación de aprovecharnos de la situación laboral precaria, o del paro de tantos hermanos nuestros, ofreciendo trabajo mal remunerado o en condiciones de discriminación, especialmente si se trata de la mujer o de la persona inmigrante, que  no tengan en cuenta la dignidad de toda persona humana.

-La tentación de perder la sensibilidad ante el tema del aborto, para “no acostumbrarse nunca a lo espantoso”[10],-en expresión de un querido Obispo-periodista-, puesto  que, una vez “legalizado”,  puede considerarse como algo moralmente aceptable. La vida del que va a nacer es sagrada. Se trata de la criatura más frágil que debe ser defendida y amparada. En esta fiesta del Nacimiento de la Virgen renovemos nuestro compromiso de defender la vida. El Niño frágil en brazos de nuestra Patrona nos lo recuerda siempre.

Mis queridos hermanos y hermanas:

Que la Virgen de la Cinta nos acompañe en el camino de nuestra vida e interceda ante Dios para que proteja a nuestra Ciudad, concediéndole un progreso material y espiritual permanente; estimule a nuestras familias para que vivan un amor sólido y auténtico; y que ayude a todos los necesitados haciéndolos fuertes en las pruebas y suscitando amor solidario a su alrededor. Amén.

α José Vilaplana Blasco

Obispo de Huelva



[1]Cfr. Miqueas 5, 4-5

[2] Oración postcomunión en la Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María.

[3]Lucas 1, 79

[4]Juan 2, 5

[5]Romanos 8, 29

[6]Cfr. Apocalipsis 21, 5

[7]Cfr. Efesios 5, 8

[8]Cfr. Juan 3, 3

[9]Cfr. Marcos 10, 13-16

[10]MONTERO MORENO, Antonio (Arzobispo Emérito de Mérida-Badajoz): “No acostumbrarse nunca a lo espantoso”.  ABC de Sevilla (8-8-2010), página 3.

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