CORAZÓN DE LA DIÓCESIS. DÍA DEL SEMINARIO 2010



 Corazón de la Diócesis

            Queridos hermanos y hermanas:

Se dice del Seminario que es el “corazón de la Diócesis” y así es en realidad, porque el corazón es un órgano vital que repercute en todo el cuerpo. Su fortaleza o debilidad las percibimos todos. En muchas de las visitas a las parroquias o comunidades religiosas, cuando las personas se interesan por las  preocupaciones del Obispo, me preguntan constantemente: ¿Cómo está el Seminario?, y yo les agradezco personalmente ese interés.

Sentimos todos el Seminario como algo nuestro, porque reconocemos que  los jóvenes que en él se forman serán los sacerdotes que prolongarán entre nosotros la misión y la figura de Cristo Buen Pastor.

Nuestro Seminario cuenta ahora con nueve jóvenes dispuestos a entregar su vida por Cristo y su Evangelio. Demos gracias al Señor por ellos, pidiéndole que los una estrechamente a Él, para que, compartiendo sus mismos sentimientos y su amor, sean en el futuro pastores según el corazón de Dios.

Oremos, también, para que la llamada del Señor toque el corazón de nuevos jóvenes que, atraídos por la persona de Cristo, tengan fuerza para hacer un compromiso que implique toda su vida. Esta oración debe ir acompañada, en nuestras familias y comunidades, por un aprecio real y sincero por la misión del sacerdote. En nuestra sociedad, con demasiada frecuencia, se habla sólo de los defectos y limitaciones de los sacerdotes, olvidando que,  siendo hombres frágiles como nosotros, sin embargo, son un don del Señor para su Pueblo, porque ellos reúnen a la comunidad cristiana, le sirven el Pan de la Palabra y de la Eucaristía, son portadores del perdón que la misericordia de Dios nos ofrece, y nos llaman a ser solidarios con nuestros hermanos más pobres.

Como nos dice el Papa en este Año Sacerdotal, hagamos que “se perciba cada vez más la importancia del papel y de la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad contemporánea”.

Tengamos esperanza, pues del pesimismo nunca podemos esperar nada; la esperanza sabe mirar las dificultades pero, sin embargo, se apoya más en Dios para el cual nada hay imposible. Oremos y cooperemos con nuestro Seminario.

            Con mi afecto y bendición

α José Vilaplana Blasco

Obispo de Huelva

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