ESTRENAD UN CORAZÓN NUEVO. CARTA CUARESMA 2010



CARTA DE CUARESMA 2010

“Estrenad un corazón nuevo”

Queridos hermanos y hermanas:

“Estrenad un corazón nuevo” (Ez 18, 31). Con estas palabras del profeta Ezequiel, que llama a la conversión y al arrepentimiento, deseo comenzar el mensaje de la Cuaresma 2010, invitándoos a todos a dejaros transformar por la misericordia entrañable de nuestro Dios.

Durante el tiempo de Cuaresma repetiremos con frecuencia la palabra “penitencia”  -“actos penitenciales, hermandades de penitencia, etc.-, pero debemos detenernos y reflexionar sobre su contenido y su mensaje. El Catecismo de la Iglesia Católica dice: “la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores, “el saco y la ceniza”, los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas” ( nº 1430).   Y continúa diciendo: “la penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado…”( nº 1431).  Éste debe ser el deseo fundamental para vivir la Cuaresma, que nos prepara para celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, renaciendo a una nueva vida con Él.

Como bien sabéis, estamos celebrando un Año sacerdotal, con motivo del 150 aniversario de la muerte de un Santo sacerdote, el Cura de Ars. Éste, que ayudó a miles de personas a encontrarse con la misericordia de Dios en el sacramento de la Penitencia, decía: “Para recibir el sacramento de la penitencia son necesarias tres cosas. La fe, que nos revela a Dios presente en el sacerdote. La esperanza que nos hace confiar en que Dios nos otorgará la gracia del perdón. La caridad, que nos lleva a amar a Dios y que inculca en nuestro corazón el dolor de haberle ofendido”. Este sacramento está poco valorado en nuestra sociedad y, lo que es más lamentable, entre muchos cristianos. El Señor lo ha instituido para curar las heridas de nuestros pecados y ofrecernos la posibilidad de “nacer de nuevo”. Procuremos tomar en serio la bondad del Señor, que acoge a los pecadores y nos renueva con su gracia. Pido al Señor nos conceda redescubrir la maravilla de este sacramento, en el que Él nos concede el perdón y la paz.

            Os hago, a todos, para esta Cuaresma, tres propuestas:

Escuchar con especial atención la Palabra de Dios que se proclama en los Domingos de Cuaresma, haciéndoos la pregunta: ¿qué me quiere decir el Señor?

Recibir el sacramento de la Penitencia, preparándolo debidamente con un buen examen de conciencia y con el propósito firme de avanzar en el seguimiento de Cristo.

Ayudar con mayor generosidad a los hermanos más pobres, de cerca o de lejos; el que disponga de bienes materiales, compartiéndolos con aquellos que están más necesitados por la crisis o por desgracias de cualquier tipo; y el que tenga menos recursos, dedicando tiempo a acompañar a los que están solos o enfermos.

No perdamos la oportunidad que nos ofrece este tiempo de gracia, en el que Dios quiere darnos un corazón nuevo, semejante al de su Hijo Jesucristo.

Con mi afecto y bendición.

α José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

Huelva, 17 de febrero de 2010. Miércoles de Ceniza.

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