NUESTRA IGLESIA DIOCESANA 2007. CARTA DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA 2007



Nuestra Iglesia Diocesana

            Mis queridos hermanos y hermanas:

Con motivo del día de la Iglesia Diocesana os saludo a todos cordialmente en el Señor. Deseo ofreceros unas sencillas reflexiones -que ya he presentado y trabajado con  los sacerdotes en la convivencia inicial del curso-, para que sigamos creciendo juntos, siendo cada día más fieles al seguimiento de Jesucristo nuestro Buen Pastor.

Ante todo, deseo recordar unas palabras que el Santo Padre Benedicto XVI me dirigió con motivo de mi nombramiento como Obispo de Huelva: “pedimos para ti la fortaleza de los dones del Espíritu Paráclito, para que, de tal modo apacientes  a los fieles que se te confían, que lleguen a ser testigos creíbles de Cristo Redentor y de su Evangelio con palabras y especialmente con las obras”. He aquí, queridos hermanos y hermanas, una clave luminosa para que revisemos nuestra vida. ¿Somos creíbles? ¿Nuestra forma de vivir concuerda con nuestra fe y la expresa de manera adecuada?

Al hacerme eco de esta pregunta, pretendo, sobre todo, estimular, animar y potenciar todas las posibilidades con las que Dios nos ha enriquecido. Formamos una Iglesia diocesana joven con abundantes iniciativas comunitarias, con muchas obras de servicio y acogida a los más pobres y desfavorecidos, con una presencia importante en el mundo de la educación y la cultura y muy rica en expresiones de religiosidad popular. Sin embargo, dentro del ambiente secularizante en que vivimos, experimentamos la dificultad de la transmisión y el fortalecimiento de nuestra fe y la necesidad de una nueva evangelización de la sociedad actual.

Para responder con esperanza, a los desafíos de nuestro tiempo -después de este primer año que gozosamente he compartido con vosotros-, os propongo afrontar dos aspectos esenciales para nuestro crecimiento como cristianos: la interioridad y la unidad.

Ya el anciano Papa Juan Pablo II, en su última visita a España, nos recordaba que: “El  drama de la cultura actual es la falta de interioridad, la ausencia de contemplación… Sin interioridad el hombre moderno pone en peligro su misma integridad”. Vivimos muy hacia afuera y necesitamos cultivar las raíces de nuestra fe. Sin una adhesión sincera y cordial a Jesucristo, no podemos subsistir como cristianos; necesitamos escuchar su Palabra, acogerla en el corazón como María y vivirla con sencillez en el día a día. Vamos a intentar, pues, hacer una campaña para acercar el Evangelio a todos.

Jesús, el Señor, en la oración después de la Última Cena, pidió al Padre: “Que todos sean uno…para que el mundo crea”. La unidad es fundamental en la vida de la Iglesia. Necesitamos avanzar juntos, impulsados por el mismo Espíritu, complementándonos unos a otros con los dones que hemos recibido de Dios. Tengamos pasión por la unidad. Tantas y tan ricas iniciativas e instituciones con las que contamos, no producen los frutos deseados porque no están suficientemente conocidas, apreciadas y coordinadas. El Señor murió en la cruz “para reunir a los hijos de Dios dispersos”; dejémonos reunir por Él. Aprendamos a vivir, de verdad, el “nosotros” de la fe cristiana.

Todo esto nos llevará a reconocernos, formando parte de la Iglesia; a descubrir un sentido más rico de pertenencia a ella; a no sentirnos espectadores, sino partícipes de su vida. Necesitamos retejer el tejido comunitario de nuestras parroquias y de toda nuestra querida Diócesis onubense. Nadie debe considerarse ajeno o extraño a ella. He aquí los destellos que indicarán nuestra conversión personal y comunitaria y nuestra docilidad al Espíritu Santo: Acogernos mutuamente, aportar lo mejor de nosotros mismos para bien de todos, perdonar viejos errores, sentirnos responsables de que nuestro mundo perciba el amor entrañable de nuestro Dios… Con estas disposiciones podremos afrontar algunos retos concretos que tenemos ante nosotros: La pastoral familiar, los jóvenes y las vocaciones que tanto nos preocupan.

Al servicio de todas estas iniciativas, he propuesto una renovada organización de nuestras estructuras pastorales en torno a tres ejes: La transmisión, la celebración y el testimonio de la fe. En definitiva, no pretendemos otra cosa que conocer, amar y seguir más fielmente a Jesucristo.

Que María Santísima, tan querida en toda nuestra Diócesis, sea para nosotros un modelo de fidelidad y nos acompañe con su maternal protección.

Os bendigo con todo afecto,

α José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

Huelva, 13 de noviembre de 2007. Fiesta de San Leandro, Patrón de la Diócesis.

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