CARTA DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA 2006



Día de la Iglesia Diocesana, 2006

            Mis queridos hermanos y hermanas:

Con mucha alegría os escribo esta primera carta pastoral, con motivo del día de la Iglesia Diocesana. Estoy recién llegado a esta querida Iglesia diocesana de Huelva,  y estoy viviendo mis primeros encuentros con vosotros con mucha esperanza, porque me habéis recibido con mucho cariño y me habéis acogido como vuestro obispo, enviado a vosotros en el nombre del Señor. Yo, por mi parte, siento el deseo de entregarme del todo a vosotros, a ejemplo de Jesús, el Buen Pastor.

Demos gracias a Dios por estos encuentros llenos de ilusiones y esperanzas, y pidamos la fuerza del Espíritu Santo para que, juntos, podamos dar un testimonio claro y creíble de Jesucristo a nuestra sociedad.

El lema de este año para este día es muy hermoso y sugerente: «Tu familia una pequeña iglesia; tu Iglesia una gran familia». Este lema nos trae los ecos de la V Jornada Mundial de la Familia, celebrada en Valencia,  en la que el Papa Benedicto XVI nos invitaba a la transmisión de la fe en el seno de nuestras familias. ¡Cuántos de nosotros hemos aprendido a llamar a Dios “Padre”, cuando comenzábamos a hablar, y alguien de nuestra familia nos enseñaba también las primeras oraciones! ¡Qué hermoso recuerdo es para cada uno evocar cómo nuestra madre nos mostraba con ternura a la Madre del Cielo, para que aprendiéramos a ponernos bajo su protección!

Debemos dar muchas gracias a Dios por el don de la fe, regalo que nos ha llegado a través de personas de nuestra familia.

Sin embargo, hoy, se constata que en uchas familias, incluso cristianas, ya no se habla de Dios, ya no se aprende a rezar, ya no se vive de acuerdo con las enseñanzas de Jesucristo; y todas estas carencias debilitan el amor.

Queridos hermanos y hermanas: Todos debemos sentirnos responsables de reavivar las brasas de la fe, muchas veces ocultas por las cenizas de la indiferencia o la comodidad. Hagamos de nuestra familia una pequeña iglesia en la que se hable de Dios, en la que no falte la luz del Evangelio, que como lámpara guíe nuestros pasos; que aprendamos a compartir, a perdonar, haciendo de nuestros hogares escuelas de auténtica solidaridad; casas en las que la Madre de Dios nos enseñe a vivir en fidelidad al Señor y a poner ternura en nuestras relaciones.

La familia no se basta a sí misma. Tenemos necesidad de una gran familia que es la Iglesia, la familia de los hijos de Dios, la reunión de los bautizados, creyentes en Cristo. El Dios del Amor ha querido hacer del mundo una gran familia. Cristo dio su vida para reunir a los hijos de Dios dispersos, atrayendo a todos hacia Él.

Es importante recordar que la Iglesia universal, presidida por el Sucesor de Pedro, está constituida por Iglesias particulares, llamadas también Diócesis. Cada una de estas Iglesias es una porción del Pueblo de Dios, que reúne a los fieles de un territorio en torno a un obispo, sucesor de los apóstoles: Siempre asistidas por el Espíritu Santo e iluminadas por el Evangelio, tienen como fuente y alimento la Eucaristía. Así como la familia se reúne en torno a la mesa, también la Iglesia como gran familia tiene la mesa del Señor como su centro.

Nosotros, los cristianos que peregrinamos en Huelva, formamos una Diócesis o Iglesia particular. En  estos momentos,  un nuevo obispo continúa la labor de otros cuatro obispos, el último de ellos nuestro querido D. Ignacio, que la han cuidado en nombre del Señor, desde que fue constituida hace cincuenta y dos años.

En este día de la Iglesia diocesana, es importante que todos nos sintamos formando parte de esta familia. Que no miremos a la Iglesia como desde fuera, sino reconociéndonos responsables, cada uno desde la vocación que ha recibido, de sus iniciativas y proyectos. Es muy importante desarrollar nuestro sentido de pertenencia a nuestra iglesia y potenciar nuestra participación en ella.

Cuando uno pertenece a una familia, siente como propias todas sus alegrías y sufrimientos. Cuando uno vive realmente su amor a la familia pone todo su empeño en que sus miembros crezcan y se desarrollen, según su situación. Lo mismo debe ocurrir con nuestra pertenencia a la Iglesia, cada uno tenemos un sitio, y si ese sitio no está ocupado, se nota una ausencia como en la familia.

Durante estos primeros días de mi estancia en Huelva, he visitado algunas parroquias e instituciones de nuestra Diócesis. Doy gracias a Dios por tantas personas generosas e inquietas por dar a conocer a Jesucristo a través de la catequesis, de la liturgia y otras iniciativas de formación cristiana: He encontrado proyectos magníficos de servicio y ayuda a los hermanos más pobres y necesitados. Pero he percibido también cómo hay nuevas necesidades que atender, y cómo faltan nuevos brazos para seguir trabajando. Hay necesidad de relevo generacional. Muchas personas que han dedicado muchos años a servir en la Iglesia, me exponían la necesidad de encontrar personas más jóvenes para que puedan dar un nuevo estímulo a los servicios que se están prestando, y también aporten su capacidad para nuevos proyectos, tanto en la transmisión y celebración de la fe, como en el campo de la caridad.

Os invito pues, queridos hermanos y hermanas, en este día de la Iglesia diocesana, a tener un diálogo con Cristo, el Señor, para preguntarle: Señor ¿qué quieres que haga? ¿cuál es mi puesto dentro de tu familia, tu Iglesia? ¿qué puedo aportar? De acuerdo con lo que el Señor nos vaya indicando, ayudémonos unos a otros a crecer en la fidelidad a nuestra vocación. Compartamos con generosidad los dones y bienes que Dios nos ha dado, para que a ninguna persona o parroquia le falte lo necesario. Así nos sentiremos familia y gustaremos la alegría de la fraternidad y podremos mostrar al mundo el Amor de Dios, manifestado en Cristo. Para esta misión está nuestra Iglesia: Hacer llegar la Buena Noticia del Evangelio a todas las personas.

Así nuestra Iglesia será un signo de esperanza en medio de nuestra sociedad.

α José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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